MONS. GONZALO LOPEZ M.

MONS. GONZALO LOPEZ M.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Un viejo sin sentido: ¿Sí o no?

 
Padre Pedro Pierre

El 2015 puede terminar con sabor a confusión. Los muñecos del año viejo inundan nuestras calles y alguno ha de ir a parar en nuestra casa. ¿Qué representan estos ‘viejos’? Principalmente personajes de la televisión. Algunos nos traen los ‘famosos’ de la política. Otros serán el resultado de un trabajo colectivo para construir el gigante de alguna película taquillera o representar escenas de la política nacional. Pero todos terminarán quemados.

¿Qué nos dirán los sociólogos que estudian las acciones y reacciones humanas tanto personales como colectivas? No pocos niños llorarán de ver desaparecer en llamas su ‘mascota’ favorita… Nos felicitaremos por el año nuevo dejando el pasado humeando. Estaremos felices de reunirnos entre vecinos y compartir unas frutas, un vaso de cerveza o de vino… ¡Felicidades para el año nuevo! Un nuevo año nos da nuevas oportunidades, abre nuevos caminos, trae esperanzas de que la vida puede ser mejor y la convivencia más real.

Si repetimos esta costumbre tenaz, por alguna razón ha de ser. El fuego nos atrae: nos devuelve a nuestros orígenes, destruye lo que es pasajero, revela lo que se resiste a ser destruido. Al quemar unos muñecos sin sentido cerramos una puerta, enterramos el pasado y pensamos que algo bueno va a nacer. O bien quemamos lo que no haya estado bien en nuestra vida personal, social y política para que ciertas situaciones cambien, para que cambiemos mejorando.

Tal vez los viejos sin sentido representan inconscientemente el sinsentido de nuestra vida, de nuestras actividades, de ciertos aspectos de la vida nacional. Porque las informaciones llueven innombrables en las pantallas de televisión, en la radio y en los periódicos y ni hablar de las redes sociales. Nunca hemos estado tan ‘comunicados’ por internet, teléfonos y tabletas… y, al mismo tiempo, nunca nos hemos sentido tan solos e impotentes frente a todo lo que pasa cerca, lejos, al otro lado del planeta. Nos parecemos a la gota de agua que desaparece en el mar, un mar de violencias y de superficialidades principalmente.

Nos confunden y nos dejamos confundir. Nos manipulan y nos dejamos manipular. Nos dan pensando y pensamos según lo que hemos escuchado. “Los viejos duran 3 días”, decía el periódico, y les damos bien poco sentido. Personalmente no estoy satisfecho porque he descubierto que, como dicen algunos, “la dignidad vale más que la libertad”, “lo mejor de la vida es la amistad”, “hay que dejar el mundo algo mejor de lo que lo hemos recibido”… Al terminar el año detengámonos unos instantes para recalcar lo que hemos vivido de bueno, recordar unos momentos felices que nos han hecho crecer, agradecer los avances que hemos tenido en la familia, el barrio, el país, sentirnos orgullosos por no haber luchado en vano con otros a favor de una noble causa. Entonces buscaremos quemar lo que nos ha hecho retroceder, lo que ha destruido relaciones y esfuerzos comunes, lo que ha provocado atropellos y violencia de toda índole. Así nos podremos abrazar de verdad y abrazar el año nuevo con esperanza y decisión.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Año de la misericordia

 
Jose Ignacio Gonzalez Fauz

[La Vanguardia] Esa herramienta asombrosa que es el lenguaje humano tiene dos límites importantes: es insuficiente y no llega nunca a alcanzar la realidad a la que señala. Recuerdo cómo obsesionó esta constatación al gran poeta que fue J. Mª Valverde, en sus últimos años. Además, y quizá por eso, el lenguaje humano es tremendamente prostituible; y más, cuanto más alta sea la realidad que intenta designar (llevamos 4 años llamando austeridad -nombre de una virtud- a lo que es despojo -nombre de un derecho pisoteado-).

Pues bien: Dios es la palabra más prostituida del lenguaje humano. Y, tras ella, otras grandes palabras como amor o libertad. Es llamativo también cómo los cristianos hemos degradado la palabra caridad hoy casi insignificante, cuando en su origen etimológico caridad viene a ser lo mismo que gratuidad plena…

Estos meses quisiera ir reexaminando algunas de esas grandes palabras. Comenzando por la misericordia, vocablo decisivo en el lenguaje del papa Francisco y, por ende, en su modo de ver la realidad (pues todo universo lingüístico traduce un modo de ver, y de ser). Esto le llevó a declarar un “año de la misericordia”, inaugurado el pasado octubre. Pero hay un peligro innegable de que se lo devaluemos, reduciéndolo a una flor de plástico o, como escribió Domingo Soto ya en el s. XVI, una “misericordia desnatada”.

Como ocurre con otros vocablos humanos, lo que más acerca al verdadero significado de las palabras es remontarnos a su origen etimológico, o a su evolución a partir de él. En este caso baste con decir que misericordia significa simplemente poner el corazón (cor-cordis en latín), en la miseria (o quizá mejor en el mísero o miserable): miseri-cor. Desde ahí brotan algunas aclaraciones.

1.- Misericordia no es lo mismo que permisividad (así se ha querido degradar la propuesta de misericordia para con los fracasados en su primera unión matrimonial). La permisividad es una falsa forma de querer, que busca más el afecto y la gratitud del otro que su bien y su crecimiento. En el ejercicio de la paternidad o la maternidad se puede aprender mucho de esto.

La misericordia tiene el valor de acercar el corazón a la miseria del otro, pero sin negar ésta. Y ello por dos razones:

a- Porque sabe que el otro vale más que esa miseria que ahora le encadena y no le deja aparecer como es. Esto es fácil percibirlo en miserias físicas; pero cuando se trata de la miseria moral del otro, implica una apuesta: por ello la misericordia tiene siempre algo de riesgo.

b.- Porque la misericordia tiene en cuenta todos los atenuantes del otro. En este mundo nuestro, histórica y socialmente pervertido, casi todo pecador es además una víctima; y el misericordioso conoce suficientemente su propia miseria para comprender la del otro.

2.- Misericordia tampoco es esa pseudocompasión que se regala con cierta autocomplacencia, para sentirse uno superior, perdonador, mejor que el otro. La misericordia es, intrínseca y dinámicamente, igualitaria. En cambio, fijémonos cuántas veces las críticas que hacemos a otros enmascaran un afán de presentarnos como superiores a ellos. En general, cuanto más dura es la crítica que hacemos, más señal suele ser de ese orgullo que, inconscientemente, busca sentirse superior (salvo cuando la dureza proviene de la indignación por el dolor causado a otros).

La Carta de san Pablo a los romanos que, en buena parte, es una proclama de la Misericordia, concreta en dos puntos ese igualitarismo al que acabo de aludir: “todos son pecadores y necesitan la bondad de Dios”. Pero también: todos han sido agraciados y pueden acceder a esa bondad.

3.- Finalmente, la misericordia es intrínsecamente dolorosa. El corazón sufre cuando se acerca a la miseria física del otro. Y al acercarnos a su ruindad moral, el corazón sufre también porque el amor intenta triunfar sobre la indignación. El teólogo japonés K. Kitamori, en una obra memorable (Teología del dolor de Dios), definía ese dolor de Dios como “el amor de Dios triunfando sobre su ira”. Nosotros somos incapaces de vivir ambas cosas a la vez: amor e ira; por eso nos cuesta tanto ser auténticamente misericordiosos. Y entonces, o nos quedamos con que Dios es Amor y eliminamos su ira haciéndonos un “dios a la carta” que es mera proyección de nuestros deseos infantiles, o nos quedamos con la ira de Dios (que se vuelve evidente en cuanto echamos una mirada a este mundo cruel e injusto), y nos hacemos un dios del miedo que desfigura radicalmente toda la religiosidad humana (y que hoy sigue presente en muchos que se las dan de católicos).

El año de la misericordia no deberá ser una de esas celebraciones casi sólo nominales a las que estamos tan acostumbrados y que dejan las cosas igual (“año de la infancia”, “de la mujer”, “de los pueblos indígenas”…). Debería ser un año mucho más serio, que nos vuelva un poco más humanos, desarrollando aquello que todos tenemos de divinos. Podríamos enmarcarlo en esta sencilla copla, que parodia unas palabras de Jesús:

“Querer al que no te quiere – eso es de verdad querer – que de la otra manera – se llama corresponder. – Y eso… lo hace cualquiera”.

martes, 29 de diciembre de 2015

"DIA DE LOS INOCENTES. HERODES SIGUE MATANDO NIÑOS."


"28 de diciembre, memoria de los niños asesinados por el poder político... igual que la Navidad, como hemos banalizado esta fecha. Por lo menos en el mundo andino tiempo de disfraces y bromas pesadas, aun con la resaca de la malversación de la luz de Belén. Que en el mundo entero Obama Herodes, Netanyahu Herodes, Erdogan Hedores, Daesh Herodes, Chapo Herodes y así miles más... se coman crudos a millones de niños ¿qué importa? ¿qué NOS importa?.. ¡¡¡AY DE NOSOTROS, TIBIOS E INDIFERENTES!!! ¿Qué le responderemos al Amor en ese día?

Leamos la memoria de los niños, casi niños, eternamente niños de Ayotzinapa y que nos sacuda la conciencia. Equipo de la Iglesia de a pie. "


¿Año nuevo sin los 43?

Centro de derechos humanos de la Montaña, Tlachinollan

Tlachinollan.- * La coyuntura que se abrió el 26 de septiembre removió los escombros de un sistema político anquilosado que lo hizo aparecer tal cual es, formado por una burocracia decrépita, corrupta, delincuencial, mezquina, insensible y pendenciera. Una clase gobernante sin legitimidad, sin que represente realmente a la sociedad, sino que es el fiel reflejo de su propia degradación.

En la víspera de Navidad el nuncio apostólico Christophe Pierre, junto con 3 obispos de Guerrero, visitaron en la escuela Normal de Ayotzinapa a los padres y madres de los 43 estudiantes que fueron desaparecidos por policías municipales de Iguala y de Cocula la noche del 26 de septiembre y la madrugada del día 27. Justo en el centro de la cancha donde se encuentran los santos que los papás y mamás diariamente rezan por la presentación de sus hijos, se colocó el altar para oficiar la misa. El nuncio hizo patente su cercanía con los padres. Manifestó su acompañamiento a través de la oración en este doloroso trance por el regreso con vida de sus hijos. Les reiteró su apoyo como Iglesia manifestado públicamente por todos los obispos de México y por el Papa Francisco.

Por su parte, los papás y mamás en las cartulinas que portaban, expresaban en silencio una realidad lacerante: “En México no habrá paz si nuestros hijos no aparecen”. Este mensaje sumamente denso lo manifestaron de diversas maneras los padres y madres de familia al representante del Papa y a los obispos en la reunión que tuvieron después de la misa. Fue un momento crucial, porque era la palabra viva y punzante de los padres. Era su verdad sin tapujos dicha con suma sencillez. “Los que somos pobres, los humildes, no tenemos dinero para pagar al gobierno para que busque a nuestros hijos. Tampoco tenemos las armas para buscar nosotros mismos a nuestros hijos. Por eso el gobierno hace lo que quiere con nosotros. Quiere dividirnos para que como gente pobre no nos unamos”.. “En varios municipios el gobierno está con el narcotráfico, trabajan juntos y no les importa el pueblo. La gente por eso ya no los quiere, porque cometen muchas injusticias y solo tienen policías para matar a los jóvenes. Nosotros ya no queremos esa clase de gobierno, porque en lugar de respetar la vida de nuestros hijos, los mata y desaparece”. “En nuestras casas no habrá tranquilidad ni felicidad mientras nuestros hijos no aparezcan. Cada corazón de cada padre y de cada madre tiene un dolor, porque no está su hijo a su lado. Es algo que no se puede calmar, porque mi corazónl o han hecho en mil pedazos y esto no tiene cura”.

“Sabemos de antemano que el gobierno tiene a nuestros hijos, porque fueron policías los que se los llevaron, por eso les pedimos que ustedes le exijan al gobierno que nos los entreguen”.” Es indignante lo que pasa en nuestro país, que los policías y militares trabajen para la delincuencia y que como gobierno se encarguen de desaparecer a los estudiantes, solo porque no están de acuerdo con este sistema corrupto”.

“Cuando llego a mi casa, después de buscar a mi hijo, se me rompe el corazón, porque mis otros hijos esperan que les lleve una buena noticia, y hasta la fecha todas han sido noticias malas, sin embargo, nunca descansaré hasta encontrar con vida a todos los muchachos”
El mensaje de una cartulina se vuelve inteligible, cuando una tía explica a los obispos que su sobrino se iba a casar por la Iglesia este 22 de diciembre. Tenían la esperanza de que apareciera antes de esa fecha para cumplir con la promesa que había hecho a su esposa, a sus pequeños hijos y a su familia. En la primera fila, junto a la mamá que cargaba a una niña, estaba la tía con el pequeño sobrino portando la pancarta que decía “Papá aguanta la prueba, aquí te estamos esperando, mi mamá, mi hermanita y yo”. Solo las lágrimas de la esposa pudieron transmitirle a los obispos el dolor de no saber nada de su esposo y de tener que sacar fuerza para no solo consolar a sus hijos, sino para echarse a cuestas el sostenimiento de la familia.

Los padres y madres de familia pidieron a los obispos que alcen la voz ante las autoridades, que digan que hacen falta 43 estudiantes y que les exijan que se los entreguen porque fueron gente de ellos quienes se los llevaron. Al final de cada intervención, el padre o la madre de familia se acercaba al nuncio apostólico para entregarle una carta dirigida al Papa Francisco. En esas hojas de cuaderno van las palabras más sentidas de hombres y mujeres que son su dolor y su fuerza están escribiendo una nueva forma de lucha, sin tapujos y sin miedo, peleando palmo a palmo y de frente para demandar a las autoridades que cumplan con sus responsabilidades y exigir que entreguen vivos a sus hijos.

Las cartas al Papa son el testimonio más nítido de lo que es el espíritu combativo de padres y madres que desde la humildad de su ejemplo han logrado convocar a miles de mexicanos y mexicanas que ya no están dispuestos a soportar el flagelo de la corrupción ni a ser rehenes de los gobernantes coludidos con la delincuencia. Se han liberado del miedo y del silencio cómplice, para tomar las calles y hacer pública la indignación y la rabia, y para desmontar todo el aparato delincuencial que cínicamente habla de estado de derecho para atentar contra la vida y la seguridad de las personas.

Este calvario que rebasa los noventa días se ha tornado insostenible para los papás y mamás que no ven resultados alentadores en la búsqueda con vida de sus hijos, y que por el contrario, han notado que el cumplimiento de esta tarea sólo es para calmar los ánimos y no dar motivo para que los padres se enojen y encaren con mayor dureza a las autoridades de mayor rango. Las investigaciones no avanzan en cuanto a las detenciones de personas claves. Nada se sabe del paradero de los que supuestamente participaron en la incineración de los cuerpos en el basurero de Cocula, ni del secretario y director de seguridad pública yd el mentado Gil. Todo ha quedado circunscrito al ámbito municipal, y lo peor de todo, es que existe una postura inflexible por parte de las autoridades federales para no investigar a los policías federales y al mismo ejército, a pesar de que existen varios testimonios que dan cuenta de sus actuaciones irregulares ante los hechos del 26 y 27 de septiembre.

¿Qué nos depara para el 2015 ante un escenario en el que las autoridades federales no dan con el paradero de los 42 estudiantes desaparecidos? ¿Cuál es la apuesta por parte del gobierno federal? ¿Cerrar el caso con la única línea de investigación que se tiene? ¿Abrir otras líneas de investigación que ha planteado la parte agraviada? ¿Darle vuelta a la página de los desparecidos de Iguala? ¿Entrar a una etapa de encapsulamiento del caso para tomar el control de la situación y usar la fuerza ante las futuras movilizaciones o actos de protesta? ¿Alentar la confrontación para colocar fuera de la legalidad el movimiento social que gira en torno a la demanda de la presentación de los 42 estudiantes? ¿Desarticular el movimiento de los padres y madres y emprender una embestida contra sus representantes más visibles?

La coyuntura que se abrió el 26 de septiembre removió los escombros de un sistema político anquilosado que lo hizo aparecer tal cual es, formado por una burocracia decrépita, corrupta, delincuencial, mezquina, insensible y pendenciera. Una clase gobernante sin legitimidad, sin que represente realmente a la sociedad, sino que es el fiel reflejo de su propia degradación. En esta grieta que se abrió, los políticos arrabaleros no se han sabido acomodar ante el nuevo escenario donde los actores verdaderos del cambio, los que gozan de reputación y autoridad moral son todos los padres y madres de México que luchan por un cambio de fondo y que se condensa en las 43 padres y madres de familia que han dado lecciones de dignidad a todo el país, porque han entregado todo para encontrar a sus hijos, y en esa búsqueda están contribuyendo a que cambie nuestro país. El clamor generalizado es el ¡ya basta! ante tanta violencia y tanta impunidad. Es inconcebible que continúen los crímenes en varias regiones del Estado, cuando nos encontramos en un momento sumamente crítico, y que por lo mismo, hay mayores elementos de la gendarmería y del ejército para tomar el control de la situación e imponer el orden.

Este ambiente de inseguridad y violencia es la muestra palpable de que en los altos mandos no han tomado en serio estos hechos que agraviaron al pueblo de México y que para su forma de gobernar no tienen por qué cambiar sus formas; que los intereses caciquiles se mantienen intactos porque éstos están por encima de los intereses de la población pobre que se ha movilizado; que las disputas por las candidaturas se mantienen con los mismos vicios, sin que les genere preocupación alguna a las dirigencias, porque saben que lo que cuenta en estas coyunturas electorales son los recursos millonarios que manejan, y que según ellos, son capaces de doblegar a cualquier adversario o líder social, por eso les tiene sin cuidado el movimiento social que se opone a que haya elecciones en el 2015. Para los partidos políticos y los que suspiran por un cargo este 2015 es el año del trampolín para agarrarse de la ubre, nada tiene que ver con un nuevo modo de hacer política y de entender que ya no podemos seguir lucrando con el poder a costa del dolor de la gente que lucha, y que a ejemplo de los padres y madres de familia de los 42 estudiantes desaparecidos, tenemos que defender los derechos de los demás, luchar con todo para que aparezcan los desaparecidos y entregar hasta la vida con tal de que nunca más haya personas asesinadas y desaparecidas en nuestro país. Solo así podemos aspirar a que este nuevo año podamos labrar el camino de la justicia.

lunes, 28 de diciembre de 2015

Cada vez que nace un niño es señal de que Dios todavía cree en el ser humano


Leonardo Boff

Estamos en época de Navidad, pero el aura no es de Navidad, sino más bien de Viernes Santo. Tantas son las crisis, los ataques terroristas, las guerras que las potencias belicosas y militaristas (EE.UU., Francia, Inglaterra, Rusia y Alemania) conducen juntas contra el estado islámico, destruyendo prácticamente Siria, con una muerte espantosa de civiles y niños, como la misma prensa ha mostrado, la atmósfera contaminada de rencores y espíritu de venganza en la política brasileña, por no hablar de los niveles astronómicos de corrupción: todo esto apaga las luces de Navidad y ensombrece los pinos que deberían crear el ambiente de alegría y de inocencia infantil que todavía existe en toda persona humana.

Quién pueda ver la película Niños Invisibles, en siete escenas diferentes, dirigidas por directores de renombre como Spike Lee, Katia Lund, John Woo, entre otros, puede darse cuenta de las vidas destruidas de los niños en muchas partes del mundo, condenados a vivir de la basura y en la basura; y sin embargo, hay escenas conmovedoras de camaradería, de pequeñas alegrías en los ojos tristes, y de solidaridad entre ellos.

Y pensar que son millones en el mundo de hoy y que el propio niño Jesús, según las Escrituras, nació en un pesebre para animales, porque no había lugar para María, cercana al parto, en ninguna posada en Belén. Él se mezcló con el destino de todos estos niños maltratados por nuestra falta de sensibilidad.

Más tarde, ese mismo Jesús ya adulto dirá: "quien recibe a estos hermanos míos más pequeños, a mí me recibe". La Navidad tiene lugar cuando se da esta acogida, como la que el Padre Lancelotti organiza en São Paulo para cientos de niños de la calle bajo un viaducto, que contó durante años con la presencia del presidente Lula.

En medio de todas estas desgracias en el mundo y en Brasil, me viene a la mente una pieza de madera con una inscripción pirograbada que un interno de un hospital psiquiátrico de Minas me dio durante una visita que hice allí para animar al personal. En ella está escrito: «Cuando nace un niño es señal de que Dios todavía cree en el ser humano».

¿Puede haber un acto de fe y esperanza mayor que este? En algunas culturas de África se dice que Dios está de manera especialmente presente en los que nosotros llamamos "locos". Por eso son adoptados por todos y todos cuidan de ellos como si fueran un hermano o una hermana. Así se integran y viven en paz. Nuestra cultura los aísla y no los reconoce.

La Navidad de este año nos remite a esta humanidad ofendida y a todos los niños invisibles cuyos padecimientos son como los del niño Jesús, que ciertamente en el invierno de los campos de Belén temblaba en el pesebre. Según una antigua leyenda, se calentó con el aliento de dos caballos viejos que, en recompensa, adquirieron después completa vitalidad.

Vale la pena recordar el significado religioso de la Navidad: Dios no es un viejo barbudo con ojos penetrantes, ni un juez severo que juzga todas nuestras acciones. Es un niño. Y como niño no juzga a nadie. Sólo quiere vivir y ser querido. Del pesebre viene esta voz: «¡Oh, criatura humana, no temas a Dios! ¿No ves que su madre ha envuelto sus pequeños brazos? Él no amenaza a nadie. Más que ayuda, necesita ser ayudado y llevado en brazos».

Nadie mejor que Fernando Pessoa entendió el significado humano y la verdad del niño Jesús:

Él es el Niño Eterno, el Dios que faltaba. Es tan humano que es natural. Es el Divino que sonríe y juega. Por eso sé con toda seguridad que él es el Niño Jesús verdadero. Es un niño tan humano que es divino. Nos llevamos tan bien los dos, en compañía de todo, que nunca pensamos el uno en el otro… Cuando me muera, Niño mío, déjame ser el niño, el más pequeño. Tómame en tus brazos y llévame a tu casa. Desnuda mi ser cansado y humano. Acuéstame en la cama. Cuéntame historias, si me despierto, para que me vuelva a dormir. Y dame tus sueños para que juegue, hasta que nazca cualquier día que tú sabes cuál es.

¿Se puede contener la emoción ante tanta belleza? Por esto, todavía, a pesar de los pesares, podemos celebrar discretamente la Navidad.

Termino con este otro mensaje que tiene significado y que me encanta: «Todo niño quiere ser hombre. Todo hombre quiere ser rey. Todo rey quiere ser "dios". Sólo Dios quiso ser niño».

Abracémonos unos a otros como quien abraza al Divino Niño que se esconde en nosotros y que nunca nos abandonó. Y que la Navidad sea todavía una fiesta discretamente feliz.

domingo, 27 de diciembre de 2015

EL EVANGELIO NO “SACRALIZA” NINGÚN MODELO DE FAMILIA


Fray Marcos Rodríguez
Lc 2,41-52

Solo si conocemos lo que era la familia en tiempo de Jesús, estaremos en condiciones de comprender lo que nos dice el evangelio. En aquel tiempo no existía la familia nuclear, formada por el padre, la madre y los hijos. En su lugar encontramos el clan o familia patriarcal. El control absoluto pertenecía al varón más anciano. Todos los demás miembros: hijos, hermanos, tíos, primos, esclavos formaban una unidad sociológica. Este modelo ha persistido en toda el área mediterránea durante milenios. Cuando un varón se casaba, la esposa entraba a formar parte de su familia, olvidándose de la suya propia. La ceremonia principal de la boda consistía en conducir a la novia de casa de su padre a la casa del novio.

Todos los miembros de la familia, formaban una unidad de producción y de consumo. Pero la riqueza básica del clan era el honor. Sus miembros estaban obligados a mantenerlo por encima de todo. Por eso el deber primero de todos y de cada uno, era mantener el estatus social limpio de sospecha. No era solo una cuestión social sino también económica. Las relaciones económicas eran inconcebibles al margen de la honorabilidad y el prestigio. Era vital para el clan que ningún miembro se desmandara y malograra el bienestar de toda la familia. Esto no quiere decir que no tuvieran los esposos relaciones especiales entre ellos y con los hijos. Incluso podían tener su casa propia, pero nunca gozaban de independencia.

Esta perspectiva nos permite comprender mejor algunos episodios de los evangelios. El que acabamos de leer es un ejemplo. Desde la idea de una familia formada por José, María y Jesús, es incomprensible que se volvieran de Jerusalén sin darse cuenta de que faltaba Jesús. Si todo el clan (treinta – cincuenta personas) sube a Jerusalén, como familia, los varones estarían juntos, las mujeres también y los jóvenes andarían por su lado, sin preocuparse demasiado los unos de los otros, porque la seguridad la daba el grupo.

Otros pasajes también se explican mejor desde esta perspectiva: (Mc 3, 20-21) “Al enterarse ‘los suyos’ se pusieron en camino para echarle mano, pues decían que había perdido el juicio”. Lo que pretendía su familia era impedir que siguiera por el camino que había emprendido. Trataban de evitar una catástrofe para él y para todo el clan. El tiempo les dio la razón. Un poco más adelante (Mc 3, 31-34): “Una mujer dice a Jesús: tu madre y tus hermanos están fuera. Él contestó: Y ¿quiénes son mi madre y mis hermanos? Se nos está diciendo que para llevar a cabo su obra, Jesús tuvo que romper con su clan, lo cual no supone para nada que rompiera con sus padres. Este episodio lo recoge también Mt y Lc.

Hay otro aspecto que también se explica mejor desde este contexto. La costumbre de casarse muy jóvenes (las mujeres a los 12-13 años y los hombres a los 13-14). Era vital adelantar la boda, porque la media de edad era unos treinta y tantos años y a los cuarenta eran ya ancianos. En el ambiente que tenían que vivir, no era tan grave la inexperiencia de los recién casados, porque seguían bajo la tutela y seguridad que daba el clan. También la responsabilidad de criar y educar a los hijos era tarea colectiva, sobre todo de las mujeres.

Jesús no se sometió a ese control porque le hubiera impedido desarrollar su misión. Fijaros el ridículo que hacemos cuando en nombre de Jesús, predicamos una obediencia ciega, es decir, irracional, a personas o instituciones. Cuando creemos que el signo de una gran espiritualidad es someter la voluntad a otra persona, dejamos de ser nosotros mismos. La explicación que acabo de dar, pretende armonizar la responsabilidad de Jesús con su misión y el cariño entrañable que tuvo que sentir, sobre todo por su madre.

El relato evangélico que acabamos de leer, está escrito ochenta años después de los hechos; por lo tanto no tiene garantías de historicidad. Sin embargo, es muy rico en enseñanzas teológicas. No hay nada de sobrenatural ni de extraordinario, en lo narrado. Se trata de un episodio que revela un Jesús que empieza a tomar contacto con la realidad desde su propia perspectiva. Justo a los doce años empezaban a ser personas, a tomar sus propias decisiones y a ser responsables de sus propios actos.

Sentado en medio de los doctores. Los doctores no tienen ningún inconveniente en admitirle en el “foro de debate”. Tiene ya su propio criterio y lo manifiesta. Sus padres no entienden nada. Lc está preparando lo que va a significar toda la vida pública, adelantando una postura que no es de niño sino de persona responsable y autónoma. No es difícil imaginar que sus padres no lo comprendieran. La verdad es que fue, para casi todos los que le conocieron, incomprensible la calidad humana del que se llamaría a sí mismo hijo del hombre. Sigue el texto diciendo: siguió bajo su autoridad, pero ya ha dejado claro que su misión va más allá de los intereses de su clan. La última referencia es también un aldabonazo a nuestro empeño en hacerle Dios antes de tiempo. Dice el texto que Jesús crecía en estatura en sabiduría y en gracia ante Dios y los hombres.

Debemos buscar la ejemplaridad de la familia de Nazaret donde realmente está, huyendo de toda idealización que lo único que consigue es meternos en un ambiente irreal que no conduce a ninguna parte. Sus relaciones, aunque se hayan desarrollado en un marco familiar distinto del nuestro, pueden servirnos como ejemplo a nosotros, en nuestro propio modelo de familia. Lo importante no es la clase de institución familiar en que vivimos, sino los valores humanos que desarrollamos. Jesús predicó lo que vivió. Si predicó la entrega, el servicio, la solicitud por el otro, quiere decir que primero lo vivió. El marco familiar es el primer campo de entrenamiento para todo ser humano. El ser humano nace como proyecto, que tiene que ir desarrollándose a lo largo de toda la vida con la ayuda de los demás.

Debemos tener mucho cuidado de no sacralizar ninguna institución. Las instituciones son instrumentos que tienen que estar siempre al servicio de la persona humana. Ella es el valor supremo. Las instituciones ni son santas ni sagradas. Con demasiada frecuencia se abusa de las instituciones para conseguir fines ajenos al bien del hombre. Entonces tenemos la obligación de defendernos de ellas. No son las instituciones las culpables sino algunos seres humanos que se aprovechan de ellas para conseguir sus propios intereses a costa de los demás. No se trata de echar por la borda una institución por el hecho de que me exija esfuerzo. Todo lo que me ayude a crecer en mi verdadero ser, me exigirá esfuerzo. Pero nunca puedo permitir que la institución me exija nada que me deteriore como ser humano.

La familia sigue siendo hoy el marco privilegiado para el desarrollo de la persona humana, pero no solo durante los años de la niñez o juventud, sino durante todas las etapas de nuestra vida. El ser humano solo puede crecer en humanidad a través de sus relaciones con los demás. La familia es el marco insustituible para esas relaciones profundamente humanas. Sea como hijo, como hermano, como pareja, como padre o madre, como abuelo. En cada una de esas situaciones, la calidad de la relación nos irá acercando a la plenitud humana. Los lazos de sangre o de amor natural debían ser puntos de apoyo para aprender a salir de nosotros mismos e ir a los demás con nuestra capacidad de entrega y servicio.

En ninguna parte del NT se propone un modelo de familia, sencillamente porque no se cuestiona el existente en aquel tiempo. Proponer un único modelo de familia como cristiano, es pura ideología. Si dos hermanos viven con uno de los padres forman una familia, cuando muere el padre, ¿dejan de ser una familia? y si son dos personas que se quieren y deciden vivir juntos, ¿no son una familia? Jesús no defendió instituciones, sino a las personas que la forman. En cualquier modelo de familia lo importante es el amor, que Jesús predicó y que debemos desarrollar en cualquier circunstancia que la vida nos plantee.

Resumen: Los valores cristianos los vivió Jesús en el modelo judío y se pueden vivir en modelos muy diferentes.



Meditación-contemplación

No sería mala idea hacer hoy la meditación todos juntos en familia.
Piensa: ¿Qué sería yo sin los demás?
Nada, absolutamente nada.
Ni siquiera mi existencia sería posible.
Si los que te rodean han hecho posibles que tú seas,
¿Es mucho pedir, que tú ayudes a los demás a ser?
......................................
¿Cómo podría la araña tejer su tela si no tuviera puntos de apoyo para fijar su trama?
Tu vida depende de esos puntos de apoyo.
Deja que otros se apoyen en ti para tejer su propia vida.
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La familia es el primer campo de entrenamiento para alcanzar humanidad.
No dejes de entrenarte cada día.
Pero la verdadera batalla hay que ganarla en la relación con los de fuera.
Deja que todos encuentren en ti un apoyo para seguir viviendo.
Es la única manera de vivir tú a tope.
......................................

sábado, 26 de diciembre de 2015

El fin de la Navidad


Juan Montaño Escobar

(Jam-session dedicada a mis hermanos y hermanas de la Iglesia de a Pie). Nadie te pide que salves la Navidad, ya está perdida y se refundirá más en el fondo del océano con nuestro plástico criminal; no será recuperada mientras la colección de fifiriches inventados por ese White Vader llamado Mercado atrape la solidaridad en su caja registradora. Para ese Señor, el ding dong de la caja es delicioso campanilleo en clave de villancico providencial, ahí recoge decimoterceros, aguinaldos y cuotas navideñas de ese abigarrado proletariado que confunde felicidad con pavo relleno y chucherías deslumbrantes. Jo, jo, jo. Ese 1% de la humanidad sabe que el dinero es material insomne y aprendió muy bien que el montaje comenzó con la fecha del nacimiento del ekobio Jesús, continuó con la expulsión de los protagonistas navideños (María, José, solidaridad y probables animalitos en riesgo de desaparecer) y ahora es un gordo (sin ofender) de risa estentórea, ofertando amarguras para estos días gozosos.

El gang navideño sabe que no fue en diciembre, ya no hace falta corregir el error, que el mito bíblico es un símbolo de la verdad de esa historia, que el ser social determina el ser, aquello fue probado en toda ley por Carlinho Marx; que en la feria navideña cada cual se acomoda a su bolsillo, pero todos consumen la pendejada de la oferta navideña (para cabreo del Afrosemita), bueno, el ecoparaíso terrenal es el bazar de la extinción planetaria. ¡Al diablo la economía ecológica! No le crean a este jazzman, pero la finitud del planeta es resultado de cuánto residuo energético pueda ser procesado (no eliminado; por favor, acuérdense de la ley de conservación de la energía) por suelo, atmósfera y agua. Celebramos el nacimiento del Griot nazareno ensuciando los postulados básicos de su rap. Rithm and Poetry de la perenne solidaridad. El factor simbólico supremo es la austeridad y si se tiene algo hágase una olla común, ¿no me creen? Vuelvan al libro de los otros libros, todos escritos por santos varones; las mujeres nombradas son pocas Noemí, Ruth, la muchacha palestina de Magdala y dos o tres más. El camarada cumpleañero, que por estos días festejamos, se partía de la risa (no usaremos la escatología en versión higiénica) cuando alguien presumía de sus denarios, dracmas o chavos egipcios. Ya grandecito se mandó eso del camello, el ojo de la aguja y tal; pero el otro judío maravilloso lo tradujo para la comprensión decimonónica: valor de uso y valor de cambio.

A ver, aquí no se pide una navidad bolchevique, se aclara por si la carnalidad liberal se confunde, nada que ver, apenas coherencia básica con lo que dicen los escribidores evangélicos del Man nacido en Belén. Definitivamente esto no es Navidad ni lo será nunca: las teletones neoliberales, el menosprecio social azucarado a los empobrecidos (invítalos al pavo navideño, ¡ahí te quiero ver!), la regalía de ropa usada y los insufribles coros de villancicos. Axè.

viernes, 25 de diciembre de 2015

DIOS ME NECESITA PARA HACERSE PRESENTE EN ESTE MUNDO


Fray Marcos Rodríguez
Jn 1, 1-18

El misterio de la encarnación que estamos celebrando es un misterio de amor. Por eso lo celebramos con la eucaristía que es el sacramento del amor. Si Dios me ama es porque es amor. Es decir, Dios, que es amor, está en mí. Ese amor es el fundamento de mi ser, o mejor es mi verdadero ser en lo que tiene de fundamento. Todo lo que no es Amor es secundario y accidental en mí. Dios está encarnado en todas sus criaturas y esa presencia es lo que les hace consistentes y lo que les da valor trascendente. El hombre puede descubrir esa realidad y vivirla conscientemente. Esa será su plenitud.

El comienzo del evangelio de Jn es un contrapunto al que hemos leído anoche de Lc. Con él, la liturgia intenta nivelar la balanza para que no nos quedemos en la paja del pesebre y lleguemos de verdad a la sustancia del misterio de Navidad. Los dos relatos están hablando de lo mismo, pero el lenguaje es tan diverso que apenas podríamos sospechar que se refieren a la misma realidad. Ni uno ni otro hablan con propiedad, porque lo que estamos celebrando no puede encerrarse ni en imágenes ni en conceptos.

En el evangelio de Jn que acabamos de leer, dice: “En la palabra había vida y la vida era la luz de los hombres”. No me explico por qué tenemos tantas dificultades para entender esto correctamente. El texto no dice que la luz me llevará a la Vida, sino al revés, es la Vida la que me tiene que llevar a la luz, es decir, a la comprensión. No es el mayor o mejor conocimiento lo que me traerá la verdadera salvación, sino la vivencia dentro de mí. Dios que es Vida está en mí y me comunica esa misma Vida; todo lo demás es consecuencia de este hecho. Lo que salga de mí, será la manifestación de esa Vida-salvación.

La encarnación sigue siendo el tema pendiente del cristianismo. Si no lo enfocamos como es debido, lo reducimos a una creencia sin peso alguno en nuestra vida real. El prólogo de Juan dice: “kai Theos en o Logos” y en latín: “et Deus erat Verbum”. En castellano podemos traducir: “y la Palabra era Dios” o “Dios era la Palabra”. Puede parecer que es lo mismo, pero en realidad expresan algo muy distinto. En el primer caso, se explica lo que es el Verbo, por lo que es Dios. En el segundo, se explica lo que es Dios por lo que es el Verbo. Es Dios el que se identifica con el ser humano Jesús. Si se hizo hombre en Jesús, es que se hace hombre en todos los seres humanos. Por el contrario, si es Jesús el que se hace Dios, nosotros quedamos completamente al margen de lo que allí pasó.

No se trata de limitar la singularidad de Jesús, sino de descubrir que todo lo que pasó en él, no es ajeno a cada uno de nosotros. Jesús hizo presente a Dios en un momento determinado de la historia, porque fue un ser histórico; pero la historia no afecta para nada a Dios. Dios no tiene sucesos. Lo que hace en un instante está siempre haciéndolo. Dios se está encarnando siempre. Por lo tanto no se trata de celebrar un acontecimiento pasado, sino de descubrir ese acontecimiento en el momento presente y vivirlo como lo vivió Jesús.

En la eucaristía, tomamos conciencia de nuestras limitaciones, patentes en nuestra manera de actuar. Si descubrimos la actitud de Dios para con nosotros, amor que nos acepta como somos, por lo que Él es, no por lo que somos nosotros, tomaremos conciencia de su presencia en lo hondo de nuestro ser y nos identificaremos con esa parte divina de nuestro ser. Desde ahí, intentaremos que nuestra vida esté de acuerdo con ese ser descubierto. Se trata de dejar que nuestro actuar, surja espontáneamente de nuestro verdadero ser. Si no descubrimos y nos identificamos con nuestro verdadero ser, nuestra vida cristiana seguirá siendo artificial y vacía de verdadero sentido cristiano.


Meditación-contemplación

¡navidad!, ¡navidad!
¡triste navidad!
trocada en folklore
y poquito más
de mi fondo espera
ser Natividad
porque estoy encinta
de Divinidad

jueves, 24 de diciembre de 2015

Navidad de pobres

 
Padre Pedro Pierre

Si se prepara la Navidad desde los malls, el personaje principal en su casa será Papá Noel, habrá un árbol inmenso, miles de lucecitas brillando por todas partes, grandes cajones de regalos, pavo, champán, whisky, etc. Si se la prepara desde los grandes almacenes, habrá un nacimiento de grandes personajes vestidos de telas y provenientes de Italia, que bien poco tiene que ver con el primer nacimiento donde, en una gruta del campo, estaban solamente María y José y luego unos pobres pastores.

Si se prepara la Navidad en la Sierra, tal vez se le ocurrirá, al pensar que Dios se hizo carne como nosotros, hacer el pesebre con personajes indígenas, llamas en vez de camellos y un chamán como cuarto mago, ya que san Francisco de Asís no sabía de la existencia de Abya Yala. Si se la prepara en Esmeraldas, ¿tendrá su nacimiento personajes todos negros, menos los dos magos que venían de Asia y de Europa porque Dios se encarna en las pieles de los hombres y mujeres de cada continente? Si se prepara la Navidad desde la TV se llenará su casa de un sinnúmero de cosas inútiles y dañinas porque este templo del consumismo logra transformar el cielo en infierno.

Pero si prepara su Navidad en el barrio de Las Iguanas, en Guayaquil, tendrá un sabor muy particular: sabrá a Belén, sabrá a fraternidad, sabrá a pobreza digna, sabrá a compartir. No habrá un árbol gigante, el pesebre tendrá solo al Niño Jesús. Se escucharán unos villancicos sobre aires de salsa y cumbia, cuyas palabras nos sorprenden y emocionan: “¡Jesús hermano, Jesús amigo, Jesús extraño, Jesús vecino, Jesús el barrio, Jesús la gente, Jesús la vida, sencillamente Jesús!... Con calzones rotos, descalzo y peludo… Viene con maracas, es la Navidad… Pide su aguinaldo a la humanidad…”.

Cada uno tiene la Navidad que se merece, cada uno tiene la Navidad que busca y prepara. Lo perverso es que se está prostituyendo la Navidad y atropellando a Dios. No gusta regresar a la primera Navidad. No gusta un dios que nace mísero. No gusta un dios que nace como nosotros, débil, dependiente, impotente. No gusta un Jesús hijo de una madre ama de casa y un padre carpintero de pueblo. No gusta un mesías que nace pobre, vive pobre, se rodea de pobres, muere desnudo en una cruz como el peor de los delincuentes. No gusta de un dios que hace su reino a partir de los pobres, en comunidad, fraternidad, igualdad, justicia…

¡Felices si nos acordamos de esta primera Navidad, si decidimos no engañarnos, si no participamos del burlarse de Dios! Belén es el mundo al revés; pero es el mundo de Dios, el Dios de Jesús, el Dios de la Biblia, el Dios que no nos inventamos nosotros, a nuestra imagen y semejanza, amigo del dinero y de nuestros intereses personales, materialistas e individualistas. Porque Dios siempre se resistirá a ser manipulado, distorsionado y manoseado.

San Juan ya nos advirtió: “Es la luz que brilla en las tinieblas… Vino a su propia casa y los suyos no lo recibieron… Puso su tienda entre nosotros y hemos visto su gloria… De su plenitud hemos recibido todos”. ¡Feliz Navidad… desde Las Iguanas!

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Antibióticos para una Curia enferma de poder


José Manuel Vidal

RD.- La última corte del mundo occidental: centralizada, inquisidora, prepotente y autoritaria. Eso era y sigue siendo todavía (el menos en parte) la Curia vaticana. Un aparato de poder puro y duro forjado y alimentado a lo largo de los siglos. Una maquinaria perfectamente engrasada que se convirtió en la sala de mandos de la Iglesia universal, colocándose de facto incluso por encima del Papa de turno.

Juan XXIII y Pablo VI la reformaron, aunque no se atrevieron a hacerlo a fondo. Juan Pablo II le dejó las llaves del Vaticano y se dedicó a recorrer el mundo. Y, cuando Benedicto XVI, el anciano sabio y bueno, quiso poner freno a su prepotencia y a sus desmanes, le montaron el Vatileaks. Sin fuerzas para hacer frente a los "lobos" curiales (como les llamó el propio Papa Ratzinger), presentó su renuncia, para dejar paso a un sucesor que supiese y pudiese embridarlos.

Durante estos últimos 35 años, la Curia campó a sus anchas. Suprimiendo la colegialidad y la sinodalidad, hacían y deshacían a su antojo en todas las diócesis del mundo. De hecho, los obispos iban a Roma con miedo. No al Papa de turno, sino a los 'lobos' curiales, que los atornillaban, los exprimían, los abroncaban con razón y sin ella, los exprimían económicamente, los miraban por encima del hombro y les imponían pesadas cargas que ellos no eran capaces de soportar. La ley del embudo curial.

La Iglesia estuvo, durante todos estos años, en manos de funcionarios sedientos de dinero y de poder. Funcionarios ideologizados, que impusieron una sola y única forma de ser Iglesia. La Iglesia del no, la Iglesia aduana, la Iglesia fortaleza asediada y sin entrañas. Iglesia doctrinaria, rígida, impostada. Iglesia madrastra. Iglesia de príncipes.

No todos los curiales fueron así. A lo largo de todos estos años los hubo incluso santos, como el argentino Pironio. Pero quizás la mayoría formaban parte del lado oscuro. Solterones con hambre de poder, que asaltaban, por riguroso turno y apoyados en sus respectivas cordadas, los escalafones del poder eclesiástico. Desde los más bajos a los más altos.


Para escalar puestos, a los monseñores italianos, sobre todo, se les abrían dos puertas: la de las curias diocesanas respectivas o la de la Curia central. Y los más hambrientos de poder optaban, si podían, por el relumbrón que proporciona el Vaticano.

Poco a poco se fue conformando lo que el Papa Francisco, llama 'casta' (quizás sin saber que Pablo Iglesia y los suyos inventaron el término en España, para referirse a la viaje clase política). Una casta con sus escalafones, sus cordadas, partidos o lobbys, y sus jefes de fila. Con nombres y apellidos. Entre los más poderosos, Sodano, Re, Ruini o Bertone. Especialmente el trío Sodano-Re-Bertone controló, durante años a sus anchas, la maquinaria curial e impuso su ley no sólo en Roma, sino en toda la Iglesia universal.

Con trapicheos y corruptelas sin fin, muchas de los cuales salieron en el primer Vatileaks y siguen saliendo en el segundo. Porque el trío, a pesar e la edad, se sigue aferrando al poder. No lo quieren soltar. Son príncipes, que viven como príncipes y se creen con derechos adquiridos para seguir gozando de sus privilegios. No para servir, sino para ser servidos.

Francisco quiere acabar con ellos. Fue uno de los mandatos que recibió de su antecesor, el Papa emérito, y del cónclave. Ya comenzó a limpiar, pero la vieja casta se resiste como gato panza arriba. No quieren soltar sus prebendas. "Los Papas pasan y la Curia permanece", suelen decir, ufanos y seguros de sí mismos.

Por eso, están esperando que este papado, que les está buscando las cosquillas y que pretende arruinar su tinglado, acabe cuanto antes. Sea una tormenta de verano. Y, después de él, vuelva la calma de los viejos hábitos. Están convencidos de que la Iglesia necesita control y mano dura. Están hartos de tanta zalamería de la misericordia y del samaritanismo. No tragan al Papa argentino de los pobres.

Y le ponen palos en las ruedas y murmuran como verduleras. Dicen, por ejemplo, que, para poder dar, hay que recibir y mantener bien engrasadas las cañerías (sucias y opacas) que surten de dinero y poder al Vaticano. Pero resulta que el Papa argentino quiere optar por los pobres no sólo en teoría. Quiere limpiar las cloacas y barrer el polvo del poder. Con aspiradora, de lo incrustado que está.

La gran tentación de los eclesiásticos es el dinero. Mucho más que el sexo (que decae con la edad). Para muchos de ellos, so capa de servicio, el poder les encandila y lo buscan por todos los medios. Sin familia, bien pagados y viviendo como rajás, tienen todo el tiempo del mundo para dedicarse a conquistar el poder.

Por eso esta mafia-casta está que trina y ya no aguanta más al Papa Francisco y sus continuas y durísimas reprimendas. El años pasado les largó un elenco de 14 enfermedades que, a su juicio, padece la Curia. Desde la búsqueda desenfrenada del poder al 'alzheimer espiritual'. Este año, como algunos (entre ellos el trio de cuervos) siguen sin convertirse, Francisco les enumeró los 14 antibióticos que todos deberían tomar, para curar de una vez las enfermedades que los aquejan.

Desde la "espiritualidad y la humanidad", a la "ejemplaridad, fidelidad, amabilidad, humildad, caridad, verdad, honestidad, madurez, respeto, dadivosidad", pasando por la "sobriedad". Si no tienen ninguna de estas virtudes, ¿cuáles tienen? Antibióticos papales para convertir a los curiales en buenos cristianos, para que pasen del poder al servicio. Porque, en la Iglesia de Cristo y de Francisco, "los últimos serán los primeros".


A algunos, con corazón de piedra, dedicados toda su vida a medrar y a mandar, les costará horrores convertirse. Y el Papa lo sabe. Por eso, tras decirles que sus comportamientos hieren al pueblo de Dios y le causan mucho dolor, les advierte de que se equivocan, si creen que se van a salir con la suya. Porque Bergoglio continuará adelante con la reforma de la Iglesia, con "determinación, lucidez y resolución". Y cuenta para ello con la ayuda del Espíritu y del pueblo santo de Dios.

Por mucho que se resistan, caerán. Por mucho que el trío se aferre a sus cargos vitalicios están ya en la etapa del 'pato cojo'. Lo saben ellos mismos, lo saben los demás (incluidas sus propias cordadas) y lo sabe el Papa, al que, como buen gobernante, no le temblará el pulso.