RESUCITO

RESUCITO

domingo, 24 de septiembre de 2017

Fray Marcos Rodríguez: UN RELACIÓN DE TOMA Y DACA CON DIOS NO TIENE SENTIDO


Fray Marcos Rodríguez
Mt 20, 1-16

Cuando se escribió este evangelio, las comunida­des llevaban ya muchos años de rodaje pero seguían creciendo. Los veteranos, seguramente reclamaban privilegios, porque en un ambiente de inminente final de la historia, los que se incorporaban no iban a tener la oportunidad de trabajar como lo habían hecho ellos. La parábola advierte a los cristianos que no es mérito suyo haber accedido a la fe antes, sería ridículo esperar mayor paga.

El contexto inmediato es muy interesante. Jesús acaba de decir al joven rico que venda todo lo que tiene y le siga. A continuación, Pedro se destaca y dice a Jesús: “Pues nosotros lo hemos dejado todo, ¿qué tendremos?” Jesús le promete cien veces más, pero termina con esa frase enigmática: “Hay primeros que serán últimos, y últimos que serán primeros”. A continuación viene el relato de hoy, que repite, al final, la misma frase pero invirtiendo los términos; dando a entender que la frase de marras se ha hecho realidad.

Las lecturas de los tres últimos domingos han desarrollado el mismo tema, pero en una progresión de ideas interesante: el domingo 23 nos hablaba de la corrección fraterna, es decir, del perdón al hermano que ha fallado. El 24 nos habló de la necesidad de perdonar las deudas sin tener en cuenta la cantidad. Hoy nos habla de la necesidad de compartir con los demás sin límites, no con un sentido de justicia humano, sino desde el amor. Todo un proceso de aproximación al amor que Dios manifiesta a cada uno de nosotros.

Hoy tenemos una mezcla de alegoría y parábola. En la alegoría, cada uno de los elementos significa otra realidad en el plano trascendente. En la parábola, es el conjunto el que nos lanza a otro nivel de realidad, a través de una quiebra en el relato. Está claro que la viña hace referencia al pueblo elegido, y que el propietario es Dios mismo. Pero también es cierto que en el relato, hay un punto de inflexión cuando dice: “Al llegar los primeros pensaron que recibirían más, pero también ellos recibieron un denario”.

Desde la lógica humana, no hay ninguna razón para que el dueño de la viña trate con esa deferencia a los de última hora. Por otra parte, el propietario de la viña actúa desde el amor absoluto, cosa que solo Dios puede hacer. Lo que nos quiere decir la parábola es que una relación de ‘toma y da acá’ con Dios no tiene sentido. El trabajo en la comunidad de los seguidores de Jesús, tiene que imitar a ese Dios y ser totalmente desinteresado.

Con esta parábola, Jesús no pretende dar una lección de relaciones laborales. Cualquier referencia a ese campo en la homilía de hoy no tiene sentido. Jesús habla de la manera de comportarse Dios con nosotros, que está más allá de toda justicia humana. Que nosotros seamos capaces de imitarle es otro cantar. Desde los valores de justicia que manejamos en nuestra sociedad, será imposible entender la parábola.

Hoy todos trabajamos para lograr desigualdades, para tener más que el otro, estar por encima y así marcar diferencias con él. Esto es cierto, no solo respecto a cada individuo, sino también a nivel de pueblos y naciones. Incluso en el ámbito religioso se nos ha inculcado que tenemos que ser mejores que los demás para recibir un premio mayor. Ésta ha sido la falsa filosofía que ha movido la espiritualidad cristiana de todos los tiempos.

La parábola trata de romper los esquemas en los que está basada la sociedad, que se mueve únicamente por el interés. Como dirigida a la comunidad, la parábola pretende unas relaciones humanas que estén más allá de todo interés egoísta de individuo o de grupo. Los Hechos de los Apóstoles nos dan la pista cuando nos dicen: “nadie consideraba suyo propio nada de lo que tenía, sino que lo poseían todo en común”.

Hay una segunda parte que es tan interesante como la misma parábola. Los de primera hora se quejan del trato que reciben los de la última. Se muestra aquí la incapacidad de comprensión de la actitud del dueño. No tienen derecho a exigir, pero les sienta mal que los últimos reciban el mismo trato que ellos. El relato demuestra un conocimiento muy profundo de la psicología humana. La envidia envenena las relaciones humanas hasta tal punto, que a veces prefiero perjudicarme con tal de que el otro se perjudique más.

En realidad lo que está en juego es una manera de entender a Dios completamente original. Tan desconcertante es ese Dios de Jesús, que después de veinte siglos, aún no lo hemos asimilado. Seguimos pensando en un Dios que retribuye a cada uno según sus obras (el dios del AT). Una de las trabas más fuertes que impiden nuestra vida espiritual es creer que podemos merecer la salvación. El don total y gratuito de Dios es siempre el punto de partida, no algo a conseguir gracias a nuestro esfuerzo.

Podemos ir incluso más allá de la parábola. No existe retribución que valga. Dios da a todos los seres lo mismo, porque se da a sí mismo y no puede partirse. Dios nos paga antes de que trabajemos. Es una manera equivocada de hablar, decir que Dios nos concede esto o aquello. Dios está totalmente disponible a todos. Lo que tome cada uno dependerá solamente de él. Si Dios pudiera darme más y no me lo diera, no sería Dios.

La salvación de Jesús no está encaminada a cambiar la actitud de Dios para con nosotros; como si antes de él, estuviésemos condenados por Dios, y después estuviésemos salvados. La salvación de Jesús consistió en manifestarnos el verdadero rostro de Dios y cómo podemos responder a su don total. Jesús no vino para hacer cambiar a Dios, sino para que nosotros cambiemos con relación a Dios, aceptando su salvación.

Con estas parábolas el evangelio pretende hacer saltar por los aires la idea de un Dios que reparte sus favores según el grado de fidelidad a sus leyes, o peor aún, según su capricho. Por desgracia hemos seguido dando culto a ese dios interesado y que nos interesaba mantener. En realidad, nada tenemos que “esperar” de Dios; ya nos lo ha dado todo desde el principio. Intentemos darnos cuenta de que no hay nada que esperar.

El mensaje de la parábola es evangelio, buena noticia: Dios es para todos igual: amor, don infinito. Queremos decir para todos sin excepción. Los que nos creemos buenos y cumplimos todo lo que Dios quiere, lo veremos como una injusticia; seguimos con la pretensión de aplicar a Dios nuestra manera de hacer justicia. Cómo vamos a aceptar que Dios ame a los malos igual que a nosotros. Debe cambiar nuestra religiosidad que se basa en ser buenos para que Dios nos premie o, por lo menos, para que no nos castigue.

El evangelio propone cómo tiene que funcionar la comunidad (el Reino). ¿Sería posible trasladar esta manera de actuar a todas las instancias civiles? Si se pretende esa relación imponiéndola desde el poder, no tendría ningún valor salvífico. Si todos los miembros de una comunidad, sea del tipo que sea, lo asumieran voluntariamente, sería una riqueza humana increíble, aunque no partiera de un sentido de trascendencia.


Meditación

El amor de Dios no tiene su fundamento en mí, sino en Él.

No tenemos que amar para que Dios nos ame,
sino amor como Dios nos ama y porque Él ya nos ama.

Para poder imitar a Dios, primero debemos conocerlo.

Lo que Jesús intenta una y otra vez en el evangelio,
es llevarnos al descubrimiento del verdadero Dios.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Padre Pedro Pierre: Corrupción y otros demonios



Padre Pedro Pierre

Todo este chorro de palabras, escritos e informes en torno a la corrupción me deja en la boca un sabor amargo… Está bien luchar contra la corrupción pero llama la atención que quienes llevan la batuta son los grandes empresarios y medios de comunicación que no se les puede presentar como abanderados de la verdad y la pulcritud. Claro, se nos quiere dar a entender que los gobiernos y los partidos políticos son cuevas de ladrones. ¿Qué pasa con la hipocresía de hacernos creer que los empresarios serían los más aptos y pulcros para llevar adelante los asuntos públicos y el bienestar de la población? Parece que son los ‘pájaros que disparan a las escopetas’.

Parece también que fueran actos patrióticos dignos de alabanza nacional denunciar, comentar, mostrar del dedo, suponer lo peor contra los servidores públicos en general y los responsables de las finanzas públicas… mientras no se quiere reconocer que todos estamos regularmente implicados en actos de corrupción. Nos hacemos jueces íntegros de maldades ajenas… que practicamos sin mucho ruborizarnos. Con tanto hablar de suciedad, ¿no será que queremos tapar el sol con un dedo, manchados por la misma maldad que denunciamos y que bien poco queremos desterrar en nuestra vida propia?

El papa Francisco nos ha recordado que “el diablo entra por el bolsillo” y que “el dinero es el estiércol del mismo diablo”. No hace bien a nadie calumniar, ensuciar, condenar… mientras seguimos mal viviendo y conviviendo, destruyéndonos unos a otros sin piedad. ¿Qué país estamos construyendo o destruyendo? O ¿no queremos reconocer que en estos diez años se ha construido un nuevo Ecuador? Con todas las fallas que ha habido, nunca los ecuatorianos hemos avanzado tanto.

¿Quién quiere echar por la borda todo lo alcanzado? ¿No será que grandes pescadores estarán pescando a río revuelto para acumular ganancias y prebendas de las que han sido limitados en este último decenio? Otros desde la sombra quieren conducir los destinos del país no por el bienestar general ni la promoción del bien común, sino para aparecer como los salvadores enviados por una providencia milagrosa. ¿No será que quieren que sigamos como borregos sus nuevos cantos de sirenas que nos llevan a estrellarnos contra nuestra propia incapacidad a conducirnos como ciudadanos responsables, vecinos honestos y familiares transparentes?

Si no somos capaces de regirnos con los diez mandamientos bíblicos, limitémonos a los tres de origen indígena: “No mentir, no robar y nos ser perezosos”. Es tiempo de presentar un proyecto de país, de vecindad y de familia donde la participación, el servicio y el compartir sean valores seguros más allá de las triquiñuelas que nos desprestigian, nos dividen y nos oponen todos contra todos. Una familia, un barrio, un país se construyen con la colaboración de todos sus miembros. Nos engrandecemos apoyándonos unos a otros, perdonándonos las ofensas y aportando nuestra piedra o piedrita al crecimiento general, porque somos el resultado de nuestros esfuerzos propios y mancomunados.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Rufo González: La vida de los sacerdotes casados proclama la injusticia eclesial (IV). Jerónimo Podestá, obispo con los pobres y con los sacerdotes casados (7)


 Rufo González

“Nunca ocultamos ni Clelia ni yo el amor que sentíamos el uno por el otro”

Jerónimo quiso siempre hacer de su vida un testimonio de la libertad y amor evangélicos. Lo hizo en la pastoral social muy comprometida con los más débiles. Acogió a sacerdotes obreros, propagó la “Populorum Progressio”, dio la cara por los derechos humanos en la atormentada Argentina que le tocó vivir. El afecto personal, despertado en el trato con la secretaria diocesana, que terminaría siendo su mujer, fue un ingrediente importante que mediatizó su actividad eclesial y puso a prueba su madurez humana y evangélica. Los dirigentes eclesiales lo utilizaron torticeramente como excusa para dar justificación a su remoción episcopal.

De ello se queja Podestá:

“Yo no digo que lo taparan pero que lo trataran de una manera, con mayor respeto a las personas involucradas. Eso fue así y sin duda hay un fondo cierto que nunca ocultamos ni Clelia ni yo de nuestro afecto y de nuestra relación, el amor que sentíamos el uno por el otro, pero lo que precipitó, lo que causó el derrumbe fue una incentivación de tipo político bien manifiesta y bien clara. Y las acusaciones que llevaron… El Nuncio me hizo una picardía muy fea, si yo hubiera querido, como me dijeron algunos otros asesores: “Si vos la peleás, que te prueben en qué se basa la acusación (si yo había ido a mostrar las cartas) vos podés hacer un juicio laico en el Vaticano ¿No?”. Dije no, el Papa no me tiene confianza, ¡chao!” (Lidia González / Luis I. García Conde: “Monseñor Jerónimo Podestá. LA REVOLUCIÓN EN LA IGLESIA”. P. 99)

“Mi nombre es Clelia”

Fue el título de su autobiografía, publicada en Santiago de Chile, Ed. Los Héroes, 1996. En ella cuenta que la Santa Sede le enviaba cartas al obispo de Avellaneda para que dejara toda relación con ella. En dichas cartas nunca decían su nombre. Es el reflejo de la actitud que mantienen frente a la mujer de muchos clérigos, a la que consideran “invisible”, sin nombre y sin realidad reconocida, a pesar de que saben que existe. La llamaban “esa mujer”, “esa señora” o “la consabida persona”. Es la actitud despreciativa y burlona de solterones empedernidos. Como sabían que la razón profunda para destituirle no era esa, sino la política y social, le comunican su cese dándole el título de obispo de Orrea de Aninico, una diócesis imaginaria de África, “in partibus infidelium” -en países de los infieles, hoy-. A cambio, debía “arrancar de su corazón y de su lado a esa señora, la consabida persona”. Esta idea procedía del mismo Pablo VI, según se cuenta en este mismo libro, al recordar el viaje de Podestá junto a Clelia al Vaticano para hablar directamente con el Papa. Sólo Podestá fue recibido. Él mismo afirma: “Le expliqué al Papa el sentido y el alcance de nuestra relación, para concluir que el nuestro era un encuentro de «gracia» y no de pecado […]. Finalmente, Pablo VI me pidió absolutamente que arrancara ese afecto de mi corazón. Todo esto me cayó muy mal porque estaba y estoy convencido de que no tenía derecho a exigirme tal cosa”.

La caridad cristiana llevó a Clelia a la vida de Podestá

En 1963 agoniza su matrimonio conflictivo y violento. Se hace cargo de sus seis hijas, y trabaja en diversas empresas en Salta, Jujuy y Tucumán. En 1965 busca y encuentra trabajo en Buenos Aires en la revista “Imagen del País”, dirigida por Ezequiel Perteagudo (Pág. 83 Lidia González / Luis I. García Conde). En Tucumán había dejado a Francisco, sacerdote amigo, enfermo de alcoholismo, a quien quería seguir ayudando. Lo cuenta así ella misma:
“24 de marzo de 1966. Querido Raúl: hoy llamé a La Plata y pedí hablar con monseñor Pironio. Me atendió y me dio hora para mañana a las diez: Sé que él me ayudará con el problema de Francisco. Pero mientras tanto, te pido que lo ayudes no dejándolo solo. El Dr. Cafferata se ofreció a hacerle la cura alcohólica, cuando le pregunté qué obispo me podía ayudar, me dijo: tan sólo hay dos. Podestá y Pironio. Según como me vaya con Pironio lo llamaré a Podestá.

23 de abril de 1966… Hoy a las doce tengo que ir a hablar con monseñor Podestá por Francisco… Hoy estuve con Podestá. Es un hombre maravilloso. Se apareció sencillamente con su clergyman, parecía un curita. No sé si lo conocés, pero pensé mucho en ti. Me citó en casa de su madre, a las doce, pero apareció recién a las trece treinta. Su madre entró al escritorio a pedirme disculpas por la demora y me dio un diario para entretenerme.” (Clelia Luro, “Mi nombre es Clelia”, Santiago de Chile, Ed. Los Héroes, 1996, pp.110-112).

El trabajo en la revista “Imagen del País” les acercó

El 28 de junio de 1966, Podestá, Clelia y el director de la revista, Ezequiel Perteagudo, cenaron en un restaurante de La Boca:

“Esta noche iremos a cenar con Ezequiel y monseñor Podestá. Es muy importante este encuentro para el trabajo que Ezequiel quiere hacer entre los obreros y los empresarios… Anoche Podestá me pasó a buscar y fuimos a cenar a la Casa del Atún en la Boca, un restaurante japonés. Salí pues con él en el auto. Qué naturalidad tiene y qué libre su comportamiento. Fuimos los dos solos y Ezequiel tardó como una hora en llegar. Yo me sentía preocupada de que nos vieran solos conversando largo rato, pero él no manifestó la menor incomodidad ni preocupación. Era la primera vez que podíamos dialogar sin interrupciones el uno frente al otro, desde el día que lo conocí en casa de su madre… Por fin llegó Ezequiel y se lo pude presentar. Nos quedamos hasta la una de la madrugada.” (P. 86: Monseñor Jerónimo Podestá LA REVOLUCIÓN EN LA IGLESIA).

Con Clelia apareció el obispo Helder Cámara

El obispo de Mar del Plata, monseñor Plaza, le pidió a obispo de Avellaneda, monseñor Podestá, que estuviera presente en una reunión de obispos sudamericanos a celebrar en Mar del Plata. Creía monseñor Plaza que la presencia de Helder Cámara era problemática, y alguien de altura intelectual tenía que hacer frente a sus teorías sociales. De hecho las autoridades argentinas no veían bien la presencia del obispo brasileño. Podestá sería quien respondería mejor a las ideas osadas del obispo brasileño. Justamente fue al revés. Herder Cámara apareció hablando con Clelia. Lo cuenta el mismo Podestá: “Me preguntaba cuál sería monseñor Cámara y de pronto vi a Clelia que estaba hablando con él. Monseñor Cámara la tenía de la mano.” Clelia los presentó y Cámara le dijo: “No tengas miedo, Clelia va a ser tu fuerte”. Podestá reconoció varias veces la intuición de H. Cámara: “Sin conocerme, Cámara me dijo: `Ustedes dos tienen que hacer un camino juntos´. Fue el inicio de una relación amistosa que terminaría en boda. Clelia se integró a la diócesis como su secretaria.

“Yo no procedí como un loco”

Así lo reconoce sinceramente el obispo Podestá ante la acusación de algunos familiares cercanos que le tildaban de imprudente e ingenuo. La evolución de su amistad fue bastante natural y siempre fue sincero consigo mismo y honrado en su proceder:

“Quiero decirles que algo tengo que decir al respecto porque yo no procedí como un loco, como un desorbitado, yo acompañé a Clelia cuando me pidió ayuda para un sacerdote borracho, ella lo cuenta por ahí en su libro, entablamos una relación muy cordial, a mí me maravilló la calidad, sentí un gran afecto por ella, me deslumbró. No creo que sea el momento de reiterar esas cosas que por ahí están escritas…” (P. 104: Monseñor Jerónimo Podestá LA REVOLUCIÓN EN LA IGLESIA).

lunes, 18 de septiembre de 2017

Las Comunidades Eclesiales de Base denuncian al "Gobierno ilegítimo de Brasil, que masacra el trabajador" Piden el "apoyo incondicional de los obispos" a esta "nueva forma de ser Igleia"


José M. Vidal

Del 7 al 10 de septiembre se celebró en Sao Felix de Araguaia el 14º Encuentro regional de las CEBs del Mato Grosso. Con la presencia de un Pedro Casaldáliga, elocuente en su silencio, y a cuyo "testimonio profético, amoroso y esperanzador" rindieron homenaje. Y Con un manifiesto final, en el que dan voz a los gritos desgarrados de los desheredados, denuncian las políticas de "un Gobierno ilegítimo, que masacra al trabajador" y anuncian la esperanza en las comunidades que encarnan "una nueva forma de ser Iglesia".

Con el lema bíblico del "vi y escuché los clamores de mi pueblo y bajé a liberarlo", el comunicado de las CEBs comienza haciendo memoria de la "caminhada" o del camino recorrido durante todos estos años en distintas partes del Mato Grosso, "especialmente en la Prelatura de Sao", haciendo resonar "la esperanza y el sueño de Jesús de Nazaret".

En el análisis de la realidad, realizado durante estos días, las comunidades reconocen el crecimiento de la vida, pero también escuchan el clamor de tantos gritos desgarrados y desgarradores. Primero el de la madre tierra brasileña, degradada "por el agronegocio, por al latifundio depredador y por la implantación de magaproyectos".

El siguiente grito es el de "los pueblos originarios", asi como el de los jóvenes y las familias arrasadas por la violencia y la crisis. Gritos que resuenan, asimismo, en la "resistencia de los pueblos".


Las CEBs no se limitan a diagnosticar esta situación de dolor y empobrecimiento que viven las víctimas, sino que señalan a los victimarios. El principal, "un Gobierno ilegítimo, que masacra al trabajador" y se ceba en su violencia contra "los líderes campesinos e indígenas".

Y tras la denuncia, las CEBs pasan a la acción y piden a la sociedad "una nueva conciencia ética y política, que nos ayude a repensar el modelo socioeconómico y político que genera exclusión y muerte".

También piden a la Iglesia el "apoyo incondicional de los obispos" a una " una nueva forma de ser Iglesia, que se expresa en la opción por los pobres y en el profetismo de una acción pastoral que va a donde está el pueblo".

Y así, seguir avanzando en la construcción del Reino, "con María, madre de Jesús de Nazaret y compañera de caminhada, en busca de otro mundo posible".


Carta del 14º Encuentro regional de las CEBS del Mato Grosso

"Vi y escuché los clamores de mi pueblo y bajé para liberarlo" (Ex. 3,7)

Nosotros, los participantes en el 14º Encuentro regional de las CEBs, procedentes de las diócesis de Juína, Sinop, Cáceres, Cuiabá, Primavera del Leste-Paranatinga, Rondonópolis-Guiratinga, Barra de Garças y de la Prelatura de Sao Felix de Araguaia, Goiania y Uruacu, nos reunimos en el Centro comunitario Tia Irene, en Sao Felix de Araguaia, del 7 al 10 de septiembre de 2017, para reflexionar y proponer acciones para hacer frente a los desafíos del mundo urbano y rural del Mato Grosso.

En las reflexiones, en las celebraciones, en los cantos y en los bailes, hicimos memoria de la caminhada de nuestras comunidades, especialmente de la Prelatura de Sao Felix, que cargan en sus hombros la esperanza y el sueño de Jesús de Nazaret, junto a los demás obispos y diócesis que participaron en el encuentro de una forma profunda.

Nuestra mirada se volvió hacia la realidad de nuestras ciudades y de nuestras comunidades urbanas y rurales, donde vemos crecer actividades que generan vida, pero también desde donde se escuchan los gritos de las aguas, de las selvas y de los montes, degradados por la polución de la tierra y de los ríos, por el agronegocio y por al latifundio depredador, por la implantación de magaproyectos, tales como la construcción de hidroeléctricas y como la expropiación de los bienes y de las riquezas naturales a manos de las empresas mineras y del capital financiero, nacional e internacional.

Escuchamos también el grito de los pueblos originarios, de las riberas y de los quilombos, que luchan por el sagrado derecho a la tierra; el grito de los jóvenes de las ciudades y del campo, de las mujeres, de las familias y de los empobrecidos de las periferias de nuestras ciudades, desfigurados por el hambre y por la discriminación étnico-racial y por el no reconocimiento de las diversidades culturales, por la violencia urbana y rural, por la falta de trabajo, de educación de calidad, de vivienda digna, de acceso a una sanidad pública de calidad, universal e integral.


Los gritos se hacen oír también en la resistencia de los pueblos, de las comunidades, de las organizaciones y de los movimientos sociales, que se organizan y proponen proyectos alternativos, como la agroecología, la agricultura familiar, la economía solidaria, los procesos educativos y formativos liberadores, la democratización de la tierra por medio de la reforma agraria, la democratización de los medios de comunicación, la participación en espacios de control y la propuesta de políticas públicas, la acogida de la diversidad cultural, de género y de orientación sexual. Está vivo y potente el grito de la juventud en pro del reconocimiento, cuidado y protagonismo pastoral y, sobre todo, en pro del fortalecimiento de la Pastoral Juvenil.

Mostramos nuestra indignación ante la situación política y económica, conducida por un Gobierno ilegítimo, que masacra al trabajador con las reformas de la seguridad social, asi como con una serie de retrocesos propuestos en las medidas provisionales que legalizan el desmantelamiento de la Amazonía y el reparto de las tierras. Por eso, se hace necesario una nueva conciencia ética y política, que nos ayude a repensar el modelo socioeconómico y político que genera exclusión y muerte.



No podemos dejar de manifestar nuestra indignación ante la violencia contra los líderes campesinos e indígenas, luchadores y defensores de los derechos humanos, especialmente de Baixada Cuiabana. Repudiamos la matanza ocurrida en Colzina, donde perdieron la vida cruelmente nueve trabajadores y la de Pau d'Arco en Pará, asi como la violencia contra el pueblo Gamela en Maranhao. 

Nos reafirmamos en la convicción de que las CEBs son portadoras de una nueva forma de ser Iglesia, que se expresa en la opción por los pobres y en el profetismo de una acción pastoral que va a donde está el pueblo. Una Iglesia caracterizada por el fortalecimiento de redes de comunidades y por la formación permanente de líderes, que necesita del apoyo incondicional de sus obispos y sacerdotes, para dar seguimiento a su misión transformadora de la realidad.

Regresamos a nuestras comunidades acompañados por la bendición del Dios de la vida y de la esperanza. Animados por el testimonio de los mártires de la caminhada y por el testimonio profético, amoroso y esperanzador de Pedro Casaldáliga. Con María, madre de Jesús de Nazaret y compañera de caminhada, en busca de otro mundo posible.

Amén, awire, axé, aleluya.

Sao Felix de Araguaia-MT, 10 de septiembre de 2017.


sábado, 16 de septiembre de 2017

Fray Marcos Rodríguez: ¿CUÁNTAS VECES TIENE QUE PERDONARTE A TI?


Fray Marcos Rodríguez
Mt 18, 21-35

El evangelio de hoy es continuación del que leíamos el domingo pasado. Allí se daba por supuesto el perdón. Hoy es el tema principal. Mt sigue con la instrucción sobre como comportarse con los hermanos dentro de la comunidad. Sin perdón mutuo sería imposible cualquier clase de comunidad. El perdón es la más alta manifestación del amor y está en conexión directa con el amor al enemigo. Entre los seres humanos es impensable un verdadero amor que no lleve implícito el perdón. Dejaríamos de ser humanos si pudiéramos eliminar la posibilidad de fallar y el fallo real.

La frase "setenta veces siete", no podemos entender­la literalmente; como si dijera que hay que perdonar 490 veces. Quiere decir que hay que perdonar siempre. El perdón tiene que ser, no un acto, sino una actitud que se mantiene durante toda la vida y ante cualquier ofensa. Los rabinos más generosos del tiempo de Jesús hablaban de perdonar las ofensas hasta cuatro veces. Pedro se siente mucho más generoso y añade otras tres. Siete era ya un número que indicaba plenitud, pero Jesús quiere dejar muy claro que no es suficiente, porque todavía supone que se lleva cuenta de las ofensas.

La parábola de los dos deudores no necesita explicación. El punto de inflexión está en la desorbitada diferencia de la deuda de uno y otro. El señor es capaz de perdonar una inmensa deuda (270 t. de plata). El empleado es incapaz de perdonar una minucia (400 grs.). Al final del texto, encontramos un ramalazo de AT: “Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo”. Jesús nunca pudo dar a entender que un Dios vengativo puede castigar de esa manera, o negarse a perdonar hasta que cumplamos unos requisitos.

El perdón sólo puede nacer de un verdadero amor. No es fácil perdonar, como no es fácil amar. Va en contra de todos los instintos. Va en contra de lo razonable. Desde nuestra conciencia de individuos aislados en nuestro ego, es imposible entender el perdón de evangelio. El ego necesita enfrentarse al otro para sobrevivir y potenciarse. Desde esa conciencia, el perdón se convierte en un factor de afianzamiento del ego. Perdono (la vida) al otro porque así dejo clara mi superioridad moral. Expresión de este perdón es la famosa frase: “perdono, pero no olvido” que es la práctica común en nuestra sociedad.

Para entrar en la dinámica del perdón, debemos tomar conciencia de nuestro verdadero ser y de la manera de ser de Dios. Experimentando la ÚNICA REALIDAD, descubriré que no hay nada que perdonar, porque no hay otro. Con un ejemplo podemos aproximarnos a la idea. Si tengo una infección en el dedo meñique del pie y me causa unos dolores inaguantables, ¿puedo echar la culpa al dedo de causarme dolor? El dedo forma parte de mí y no hay manera de considerarlo como un objeto agresor. Hago todo lo posible por curarlo porque es la única manera de ayudarme a mí mismo.

Desde nuestro concepto de pecado como mala voluntad por parte del otro, es imposible que nos sintamos capaces de perdonar. El pecado no es fruto nunca de una mala voluntad, sino de una ignorancia. La voluntad no puede ser mala, porque no es movida por el mal. La voluntad solo puede ser atraída por el bien. La trampa está en que se trata del bien o el mal que le presenta la inteligencia, que con demasiada frecuencia se equivoca y presenta a la voluntad como bueno, lo que en realidad es malo. Sin esta aclaración, es imposible entrar en una auténtica dinámica del perdón.

“Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo”. Dios no tiene acciones, mucho menos puede tener reacciones. Dios es amor y por lo tanto es también perdón. No tiene que hacer ningún acto para perdonar; está siempre perdonando. Su amor es perdón porque llega a nosotros sin merecerlo. Ese perdón de Dios es lo primero. Si lo aceptamos, nos hará capaces de perdonar a los demás. Eso sí, la única manera de estar seguros de que lo hemos descubierto y aceptado, es que perdonamos. Por eso se puede decir, aunque de manera impropia, que Dios nos perdona en la medida en que nosotros perdonamos.

Es muy difícil armonizar el perdón con la justicia. Nuestra cultura cristiana tiene fallos garrafales. Se trata de un cristianismo troquelado por el racionalismo griego y encorsetado hasta la asfixia por el jurisdicismo romano. El cristianismo resultante, que es el nuestro, no se parece en nada a lo que vivió y enseñó Jesús. En nuestra sociedad se está acentuando cada vez más el sentimiento de Justicia, pero se trata de una justicia racional e inmisericorde, que la mayoría de las veces esconde nuestro afán de venganza. El razonamiento de que sin justicia los malos se adueñarían del mundo, no tiene sentido.

Nuestro sentido de la justicia se la hemos aplicado al mismo Dios y lo hemos convertido en un monstruo que tiene que hacer morir a su propio Hijo para “justificar” su perdón. Es completamente descabellado pensar que un verdadero amor está en contra de una verdadera justicia. Luchar por la justicia es conseguir que ningún ser humano haga daño a otro en ninguna circunstancia. La justicia no consiste en que una persona perjudicada, consiga perjudicar al agresor. Seguiremos utilizando la justicia para dañar al otro.

Lo que decimos en el Padrenuestro es un disparate. No es un defecto de traducción. En el AT está muy clara esta idea. En la primera lectura nos decía exactamente: "Del vengativo se vengará el Señor". "Perdona la ofensa de tu prójimo y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas". Cuando el mismo evangelista Mateo relata el Padrenues­tro, la única petición que merece un comentario es ésta, para decir: "...Porque si perdonáis a vuestros hermanos, también vuestro Padre os perdonará; pero si no perdonáis, tampoco vuestro Padre os perdonará (Mt 6,14). ¿No sería más lógico pedir a Dios que nos perdone como solo Él sabe hacerlo, y aprendamos de Él nosotros a perdonar a los demás?

Para descubrir por qué tenemos que seguir amando al que me ha hecho daño, tenemos que descubrir los motivos del verdadero amor a los demás. Si yo amo solamente a las personas que son amables, no salgo de la dinámica del egoísmo. El amor verdadero tiene su justificación en la persona que ama, no en el objeto del amor y sus cualidades. El amor a los que son amables no es garantía ninguna del amor verdaderamente humano y cristiano. Si no perdonamos a todos y por todo, nuestro amor es cero, porque si perdonamos una ofensa y otra no, las razones de ese perdón no son genuinas.

No solo el ofendido necesita perdonar para ser humano. También el que ofende necesita del perdón para recuperar su humanidad. La dinámica del perdón responde a la necesidad psicológica del ser humano de un marco de aceptación. Cuando el hombre se encuentra con sus fallos, necesita una certeza de que las posibilidades de rectificar siguen abiertas. A esto le llamamos perdón de Dios. Descubrir, después de un fallo grave, que Dios me sigue queriendo, me llevará a la recuperación, a superar la desintegración que lleva consigo un fallo grave. La mejor manera de convencerme de que Dios me ha perdonado es descubrir que aquel a quien ofendí me ha perdonado.


Meditación

Si vivo en la superficie de mi ser (ego),
el perdón que nos pide Jesús, será imposible.

No hay ofensor, ni ofendido, ni ofensa.

No hay nada que perdonar, ni nadie a quien perdonar.

Cualquier otra solución no pasará de artificial e inútil,
o se convierte en refuerzo de nuestro ego.

viernes, 15 de septiembre de 2017

“Irma”


Tomado del muro de Willian José Sánchez

Mujer furiosa que con su arrollador andar nos da una lección de política práctica.
Anuncia que va para Cuba y que de ahí viajará, como cualquier balsero, rumbo a Florida a buscar el sueño americano.

Oh, sorpresa! El sueño americano consiste en un grito que dice “viene Irma, sálvese quien pueda”. La gente corre al supermercado a pelearse por comida hasta desabastecerlo totalmente. La gente, en su auto, procede a la evacuación generando el bloqueo de las vías. 

La gente piensa si está al día en el pago del seguro.

La población de Florida huye de Irma, en su huida la gasolina se agota y las vías se colapsan por la cantidad de autos. En su huida movida por combustible fósil, garantizan que vengan más huracanes aún más grandes.

Darwinismo social, sobrevive el que tiene.

En Cuba, pequeña isla bloqueada y solidaria, de inmediato se forman las brigadas de trabajo, que son la forma organizada de defender al otro, al vecino, al hermano, al desconocido. Unos ponen la comida y las medicinas de todos a resguardo; otros se ocupan de hacerle mantenimiento al alcantarillado para mitigar las inundaciones; se podan los árboles para que las ramas no sean proyectiles asesinos; se ocupan de llevar la gente a refugios e instalaciones militares seguras. Ante el peligro lo colectivo, lo plural es la respuesta. La ira de Irma encuentra un pueblo, por amor y por deber reunido.

Antes de morir, Irma sabrá que su ira es inútil cuando hay un muro de corazones que se juntan.
(@Cubanamera) 

NOTA: CUBA es el único país de los empobrecidos por el capitalismo yanqui donde no hubo ningún muerto a pesar de la belicosidad del huracán IRMA, hasta el Imperio USA entregó vidas de humildes personas. ¡Qué ejemplo de hermandad y solidaridad de CUBA! –RCC–

jueves, 14 de septiembre de 2017

Padre Pedro Pierre: Francisco, mensajero de la vida



Padre Pedro Pierre

El papa Francisco ha regalado a nuestra hermana vecina Colombia cinco días de palabras, gestos, sonrisas, abrazos… para confirmar y asegurar una paz duradera. Su propósito era claro: “Iré como peregrino de esperanza y de paz”, como también su lema principal: “Demos el primer paso para tender puentes y crear fraternidad”. Algunas migajas han de alcanzarnos a los ecuatorianos. De las veinte intervenciones que tuvo el Papa, he aquí algunas expresiones que me llamaron la atención.

Con sus primeras palabras, Francisco dio el tono, dirigiéndose a jóvenes: “Muchas gracias por la valentía y por el coraje, no se dejen robar la alegría. ¿Qué es lo que no se tienen que dejar robar? [Los jóvenes: ¡La alegría!] Que nadie se las robe, que nadie los engañe. No se dejen robar la esperanza. ¿Qué es lo que no se tienen que dejar robar? [Los jóvenes: ¡La esperanza!]”.

En Medellín, el Papa sabía que estaba en el corazón de la Iglesia continental liberadora; por eso rindió homenaje al texto que los obispos del continente redactaron en 1968 para “aplicar el Concilio a la realidad latinoamericana”. Allí pusieron los fundamentos de la Iglesia de los Pobres con su “opción preferencial” por ellos, confirmaron las Comunidades Eclesiales de Base y la Teología de la Liberación. Allí el Pontífice llamó a los cristianos “a ser discípulos que sepan ver, juzgar y actuar… Discípulos misioneros que saben ver, sin miopías heredadas; que examinan la realidad desde los ojos y el corazón de Jesús, y desde ahí la juzgan. Y que arriesgan, actúan, se comprometen”.

En Bogotá, a los miembros del Celam (Consejo Episcopal Latinoamericano) hizo un vibrante llamado: “Si queremos servir a nuestra América Latina, lo tenemos que hacer con pasión. Hoy hace falta pasión. Poner el corazón en todo lo que hagamos, pasión de joven enamorado y de anciano sabio, pasión que transforma las ideas en utopías viables”. Les recordó que las mujeres no sean reducidas “a siervas de nuestro recalcitrante clericalismo; ellas son […] protagonistas en la Iglesia latinoamericana; en su salir con Jesús; en su perseverar, aun en el sufrimiento de su pueblo; en su aferrarse a la esperanza que vence a la muerte… Si queremos una nueva y vivaz etapa de la fe en este continente, no la obtendremos sin las mujeres”.

En Villavicencio, en la iglesia y a los pies de la imagen del Cristo de Bojayá, una figura sin brazos ni piernas destruida en una explosión durante los combates entre las FARC y los paramilitares en 2002 donde murieron 79 personas, la emoción del Papa era visible: “Colombia, déjate reconciliar. Es hora de sanar heridas, tender puentes, limar diferencias”.

A los sacerdotes y religiosas, Francisco les recordó que “el diablo entra por el bolsillo” y les invitó a “ir mar adentro… Permanecemos en Jesús tocando su humanidad y contemplando su divinidad; permanecemos en Él para vivir en alegría… Siempre con las víctimas”.

Como a los colombianos, el Papa nos invita a aplicar día a día estas tres actitudes: “Ir a lo esencial, renovarse e involucrarse”. ¡Gracias, papa Francisco!

martes, 12 de septiembre de 2017

Frei Betto: Si ya no espera un futuro mejor, le robaron la esperanza


 
Frei Betto

Si ya no avista perspectivas de futuro, desprecia a los políticos y la política, se retira a su esfera privada, es señal de que le robaron la esperanza. Si ya no soporta el noticiero, cree que la especie humana fue un proyecto fallido y que todas las liberaciones terminan en opresiones, sepa que le robaron la esperanza. Si destila odio en las redes digitales, desconfía de todos los que pronuncian discursos sobre la ética y la preservación del medio ambiente y solo confía en su cuenta bancaria, no le quepa duda, le robaron la esperanza. Si ya no alberga sueños de un futuro mejor, no se inyecta utopía en vena y no asume su protagonismo como ciudadano, sino que prefiere aislarse en su redoma de cristal, es señal de que le robaron la esperanza.

Los amigos de Job utilizaron todos los argumentos para que abandonara la esperanza. ¿Cómo se obstinaba en mantenerla si había perdido tierras, riquezas y familia? Job no introyectó la culpa, no arrojó sobre hombros ajenos los males que lo afligían, no abominó de los reveses que le ocurrían.

Reza el poema de Franz Wright, inspirado en la plegaria del poeta persa Rabi’a al-Adawiyya: “Dios, si proclamo mi amor por ti por miedo al infierno, incinérame en él; / si proclamo mi amor porque ansío el paraíso, ciérramelo ante la cara. / Pero si hablo contigo porque existes, deja / de ocultar de mí tu / infinita belleza”.

Fue en esa gratuidad de la fe, la esperanza y el amor que Job se sintió recompensado al contemplar la infinita belleza: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven” (42, 5).

Como escribió Spinoza en su Tratado teológico-político: “Un pueblo libre se guía por la esperanza más que por el miedo; el que está oprimido se guía más por el miedo que por la esperanza. El uno ansía cultivar su vida. El otro, soportar al opresor. Al primero le llamo libre. Al segundo le llamo siervo”.

Usted, como yo, es víctima de promesas que se transformaron en espejismos y desembocaron en frustraciones. Ni aun así admito que me roben la esperanza. ¿El secreto? Sencillo. No me aferro al aquí y ahora. Miro las contradicciones del pasado, marcado por retrocesos y avances. ¿Cuántas batallas perdidas no terminaron en guerras victoriosas? ¿Y cuántos emperadores, señores de la vida y de la muerte, desde los césares hasta Atila el huno, desde Napoleón hasta Hitler, no acabaron deshonrados por la historia?

Encaro el futuro a largo plazo. Sé que no participaré de la cosecha, pero me empeño en morir semilla. No creo en discursos ni ato mi esperanza al paracaídas de algún ser superior que promete salvación a corto plazo. Exijo programas y proyectos, y juzgo a sus portadores según criterios rígidos. Trato de conocer su vida pasada, su compromiso con los movimientos sociales, su ética y sus valores. Sé que el futuro será lo que hagamos en el presente. No espero milagros. Me arremango la camisa, convencido de que “quien sabe hace ahora, no espera lo que acontezca”. Me gusta el verbo esperanzar: desenrollar el hilo de Ariadna que nos conduce a todos hacia afuera del laberinto. Como dice Mario Quintana en ‘Das utopias’: “Si las cosas son inalcanzables... ¡caramba! /No es motivo para no quererlas... / ¡Qué tristes los caminos, si no fuera / Por la mágica presencia de las estrellas!”.