RESUCITO

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viernes, 18 de agosto de 2017

Juan José Tamayo: Monseñor Romero, el arzobispo que desafió al Imperio


Juan José Tamayo

El 15 de agosto de 2017 se celebra el centenario del nacimiento de Oscar A. Romero, arzobispo de San Salvador (El Salvador), asesinado por un francotirador a la órdenes del Mayor Roberto D’ Abuisson el 24 de marzo de 1980 mientras celebraba misa en la capilla del Hospital de la Divina Providencia, en la colonia Miramonte, que tantas veces he visitado para mantener viva la memoria del profeta salvadoreño de la liberación.

Durante las tres décadas que siguieron a su asesinato en los sectores eclesiásticos –dominados- por el conservadurismo- y políticos- bajo el partido derechista ARENA- en cómplice alianza, en El Salvador se tendió un velo de silencio sobre la figura de monseñor Romero y se olvidó el legado profético de su cristianismo liberador y de su compromiso con las mayorías populares.

Durante todo ese tiempo Romero vivió en una especie de clandestinidad eclesiástica, un arrinconamiento por parte de la mayoría de los obispos salvadoreños y buena parte del clero del país y un olvido freudiano por parte de las altas instancias vaticanas. El propio arzobispo de San Salvador de 1995 a 2008, el español Fernando Sáenz Lacalle, miembro del opus Dei y general de brigada de la Fuerza Armada de El Salvador, puso todos los obstáculos para que no fuera elevado a los altares.

Pronunciar el nombre de Romero estaba vetado en muchos de esos sectores. Pocos eran los movimientos y las personas que se declaraban seguidores suyos en El Salvador. Hubo sin embargo, honrosísimas y muy significativas excepciones. Por ejemplo, el arzobispo auxiliar de San Salvador Rosa Chavez, a quien el Papa Francisco ha nombrado cardenal, quizá como reconocimiento por mantener viva la memoria de Romero; la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA); los teólogos Jon Sobrino e Ignacio Ellacuría –asesinado en 1989-; la Fundación Monseñor Romero; el Comité de Solidaridad Monseñor Romero y pocos más.

Los Papas Juan Pablo II (1979-2005) y Benedicto XVI (2005-2013) contribuyeron en buena medida con sus recelos a esa marginación. Hubo que esperar al Papa Francisco para que se le devolviera el reconocimiento que merecía como mártir por la justicia y testigo del Evangelio. Ahora Romero está en boca de todos y es objeto de culto popular. Pero creo que se está desenfocando su verdadera personalidad, como muchos temíamos una vez fuera elevado a los altares. La imagen que se está difundiendo es de un obispo piadoso, devoto de la Virgen, milagrero, fiel a Roma. No pongo en duda su devoción mariana, pero no fue esa la faceta por la que destacó durante los tres años de arzobispo de San Salvador, ni la función principal que ejerció y menos aún el motivo de su asesinato.

Urge recuperar la figura profética y liberadora de Monseñor Romero, su dimensión política subversiva, su permanente desafío al Gobierno de la Nación, al que acusó de ser el responsable de la represión sangrienta y aun mortal y de estar haciendo gran mal al país; a la oligarquía, a la que acusó de poseer la tierra que es de todos y de asesinar a campesinos, estudiantes, obreros, maestros, etc.; al Ejército y a los cuerpos de seguridad, a quienes acusaba de sembrar la muerte y el aniquilamiento; al Mayor D’ Abuisson, al que califica de falaz, mentiroso y deformador de la realidad.

Ahí están para demostrarlo sus sermones evangélico-políticos de cada domingo contra la idolatría de la riqueza, que consideraba el mayor peligro para el país, y contra la injusticia social, que es a su juicio la verdadera razón del malestar del pueblo y la causa de la violencia. Cabe recordar el último sermón que pronunció el 23 de marzo de 1980 en la catedral un día antes de su asesinato: “En nombre de Dios,… y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión!”.

Romero osó desafiar también al Imperio. Sí, al Imperio norteamericano. Y lo hizo a través de una carta dirigida al presidente de los Estados Unidos Jimmy Carter el 17 de febrero de 1980 cuando tuvo noticia de que Estados Unidos iba a enviar ayuda económica y militar a la Junta de Gobierno de El Salvador. Esa ayuda, le decía a Carter, lejos de “favorecer una mayor justicia y paz en El Salvador agudiza sin duda la injusticia y la represión contra el pueblo organizado que muchas veces ha estado luchando por que se respeten sus derechos humanos más fundamentales”.

En la carta acusaba a la Junta de Gobierno, a la Fuerzas Armada y los cuerpos de seguridad salvadoreños de haber recurrido solo a la violencia represiva produciendo un saldo de muertos y heridos mucho mayor que los regímenes militares pasados. Por eso pedía a Carter que no permitiera dicha ayuda militar al Gobierno salvadoreño y le exigía que Estados Unidos no interviniera directa o indirectamente con presiones militares, económicas, diplomáticas, etc. en determinar el destino del pueblo salvadoreño. La carta fue calificada de “devastadora” por un miembro del Gobierno de Estados Unidos.

37 años después de su asesinato todavía seguimos preguntándonos por qué lo mataron. Coincido con la respuesta del profesor de filosofía de la UCA Carlos Molina: “No fue por defender los derechos de la Iglesia ante poder secular, sino por ponerse al lado de los pobres, esos que tanto el poder secular como las mismas iglesias habían explotado, oprimido y excluido […], por haber asumido el profetismo utópico que era la única respuesta ante los falsos dioses que se cebaban en la vida del pueblo y así se convirtió en su enemigo”.

Los múltiples desafíos a los que sometió Romero a influyentes actores políticos y militares tanto nacionales como internacionales desembocaron en su asesinato, que bien puede calificarse de crónica de una muerte anunciada. Su autoridad moral tanto en El Salvador como a nivel mundial desafiaba la alianza Gobierno-Ejército-Oligarquía-Estados Unidos. Si a esto sumamos la poca estima en que era tenido en el Vaticano y en la jerarquía de su país, la sentencia estaba dictada: “Romero es reo de muerte”.

Su recuerdo en efemérides tan significativa como el centenario de su natalicio es un verdadero ejercicio de memoria histórica ante tan injusto olvido, el reconocimiento de su coherencia moral en un clima de inmoralidad institucional y la rehabilitación de su dignidad en una situación de indignidad de los poderosos aliados para asesinarlo.


Director de la Cátedra de Teología y ciencias de las Religiones “Ignacio Elacuría”. Universidad Carlos III de Madrid y director y coautor de San Romero de América, mártir por la justicia (Tirant lo Blanch, Valencia, 2015)

(Artículo publicado en el diario EL PAÍS, 15 de agosto de 2017)

jueves, 17 de agosto de 2017

Padre Pedro Pierre: Neymar, vergüenza mayúscula



Padre Pedro Pierre

Doscientos veintidós millones de euros de transferencia, treinta millones de bienvenida y un millón doscientos mil mensuales… Tales son los precios relacionados con Neymar, este jugador brasileño de fútbol, comprado por el club de París al de Barcelona de España. Es el costo escandaloso que se paga para que este deporte continúe siendo la droga mundial que anestesia a millones de espectadores en el mundo entero.

¿Quién es capaz de pagar tal suma de dinero? Un pequeño país árabe llamado Qatar, dueño del club parisino, para rehacer su imagen de marca internacional. De hecho, se acusa a Qatar de financiar y armar el mal llamado Estado Islámico, responsable, por una parte, de los innumerables asesinatos cometidos en las regiones que invadió en el Medio Oriente y, por otra, también responsable de los actos de terrorismo internacional. Además, ni hablar de la situación humanitaria de Qatar donde una élite muy minoritaria no sabe qué hacer de su dinero sacado de la venta del sobreabundante petróleo, olvidando la miseria, el analfabetismo y la discriminación de la mujer. ¿Cuántos hospitales, escuelas y centros de capacitación se hubieran podido construir con esos $ 300 millones?

Y Neymar… Viene como la mayoría de los grandes jugadores de los sectores populares, propulsado a la fama y la riqueza por ser un muy buen jugador de fútbol. ¿Con cuánto sobrevivirán las familias de su vecindad y sus compañeritos de escuela y de colegio? ¿Dónde están la solidaridad y el crecimiento colectivo que necesita un país como Brasil? Es un insulto a los pobres.

¿Cuántos centenares de millones más se esconden tras esta transferencia? Porque detrás del fútbol internacional están las ganancias de la propaganda, las ventas de las grandes marcas y la meta de mantener a millones de espectadores drogados por ese deporte. Como por ejemplo, en España, donde 50% de los desempleados son jóvenes. Que miren el fútbol para olvidar su situación, muchas veces sin salida. Que también otros centenares de millones miren el fútbol para olvidar la miseria de su país, las guerras que se multiplican… y las consecuentes migraciones masivas hacia Europa. Que no se preocupen por conocer los causales de estas situaciones ni organizarse para detener estas locuras que llenan las pantallas de la televisión. El fútbol es el mejor antídoto para hacernos cómplices de guerras, muertes y desesperanzas mundiales.

“¡Maldito dinero!”, proclamaba Jesús. ¡Maldito fútbol internacional, que nos vuelve ciegos, sordos e indiferentes a estos escándalos mundiales! Nos estamos autodestruyendo como fraternidad universal y dejamos destruir inexorablemente la casa común que es nuestro planeta.

Necesitamos de otras estrellas y otros modelos a imitar. Existen entre nosotros, en nuestras comunidades y nuestros países… Son todas las y los que fomentan la amistad, la solidaridad, la organización, la comunión entre los pueblos. Unámonos a esta minga por un mundo más fraterno y pacífico, lejos de las canchas del fútbol internacional.

martes, 15 de agosto de 2017

Jorge Costadoat sj: "Este Papa ha sido elegido para reformar la Curia romana"


Jorge Costadoat, sj
en RyL 

La elección de Jorge Bergoglio como Papa constituye uno de los acontecimientos más extraordinarios en la historia de la Iglesia. Ya había sido único el caso de la renuncia de Benedicto XVI. Primera vez que un Papa dejaba el cargo libremente. El Papa Francisco, independientemente de su peculiar personalidad, representa un giro de la Iglesia universal en favor de las iglesias periféricas. Un Papa latinoamericano equivale en cierto sentido a uno africano o asiático.

De aquí que sea relevante ahondar en la índole latinoamericana del Papa Francisco. Lo haremos teniendo presente los signos de los tiempos, la recepción del Concilio Vaticano II en América Latina y el estilo personal de Jorge Bergoglio como pontífice.

1.- SIGNOS DE LOS TIEMPOS

El mayor signo de los tiempos hoy -sobre esto hay pocas dudas- lo constituye la globalización. En palabras de Aparecida:

La novedad de estos cambios, a diferencia de los ocurridos en otras épocas, es que tienen un alcance global que, con diferencias y matices, afectan al mundo entero. Habitualmente se los caracteriza como el fenómeno de la globalización. Un factor determinante de estos cambios es la ciencia y la tecnología, con su capacidad de manipular genéticamente la vida misma de los seres vivos, y con su capacidad de crear una red de comunicaciones de alcance mundial, tanto pública como privada, para interactuar en tiempo real, es decir, con simultaneidad, no obstante las distancias geográficas. Como suele decirse, la historia se ha acelerado y los cambios mismos se vuelven vertiginosos, puesto que se comunican con gran velocidad a todos los rincones del planeta (Aparecida 34).

El fenómeno, en realidad, es antiguo. El descubrimiento y conquista de América completó, en cierto sentido, el conocimiento que hasta entonces se tenía del globo terráqueo. Desde entonces pudo pensarse en términos mundiales. El mundo tomó conciencia de sí mismo como de una unidad cerrada. Los intercambios entre las distintas zonas aumentaron, hasta ir tejiendo una red de relaciones comerciales, culturales y políticas cada vez más tupida. Hoy la internet es una telaraña que multiplica espectacularmente las relaciones, transformándolas, aligerando los compromisos, y ofreciendo información de todo tipo en cantidades siderales. Esto y aquello en tiempo real.

Por otra parte, la catástrofe socio-ambiental en curso es signo aún más claro, por ser aún más universal, de la toma de conciencia del peligro que acosa a la Tierra (LS 19). En la actualidad el centro cultural predominante, la sociedad de mercado gestionada por un capitalismo casi imposible de controlar, incluye y excluye, integra y desintegra, pero en relativamente poco tiempo puede destruir a la vida por parejo. Por lo mismo, el Acuerdo de París (2015) puede convertirse en uno de los acontecimientos más importantes no solo en la historia de la humanidad, sino también del planeta. Comprometerse a que la temperatura media del planeta a fin del siglo XXI no se eleve por encima de los 2 grados centígrados, y que idealmente llegue a solo 1,5 grados, constituye en sí mismo un triunfo de la política global que augura nuevos acuerdos solidarios internacionales.

La Iglesia, por su parte, tiene sus propios signos de los tiempos. El más importante de todos, si damos razón a Karl Rahner, es la constitución de una iglesia mundial. A propósito de la interpretación fundamental del Vaticano II, uno de sus principales teólogos sostuvo años después que en esta ocasión por primera vez la Iglesia actuó, a través del magisterio, con una representación de obispos venidos de todas partes de la tierra. Hasta entonces no había habido más que una versión del cristianismo, la occidental, presente y dominante en los diversos continentes. Desde entonces se hicieron sentir con más fuerza las iglesias locales con sus características propias y una incipiente autonomía. Primera vez en la historia que ha quedado abierta la posibilidad de una inculturación plural del Evangelio. Lo que hasta ahora prevalece con mucha fuerza es la versión judeo-cristiana, greco-latina y germánica occidental.


En palabras del mismo Rahner:

Bajo el respecto teológico, existen en la historia de la Iglesia tres grandes épocas, la tercera de las cuales apenas ha comenzado y se ha manifestado a nivel oficial en el Vaticano II. El primer período, breve, fue el del judeocristianismo; el segundo, de la Iglesia existente en áreas culturales determinadas, a saber, en el área del helenismo y de la cultura y civilización europea. El tercer período es en el cual el espacio vital de la Iglesia, en principio, es todo el mundo.

Rahner quiere mostrar la originalidad de las etapas, pero es consciente de que la historia de la Iglesia puede subdividirse mucho más. Continúa:

Estos tres períodos, que indican tres situaciones fundamentales, esenciales y distintas entre ellas, del cristianismo, de su predicación y de su Iglesia, pueden naturalmente ser subdivididas a su vez de manera muy profunda; así, por ejemplo, el segundo período contiene las cesuras representadas por la transición de la antigüedad al medioevo y la transición de la cultura medieval a la época del colonialismo europeo y del iluminismo.

Lo más interesante es que la tercera gran época de esta división de Rahner ayuda a entender qué está ocurriendo en la Iglesia latinoamericana y por qué la elección de Francisco es tan novedosa. A nuestro parecer, en el postconcilio los latinoamericanos levantaron la cabeza y quisieron pensar por sí mismos, en pocas palabras, ensayaron su mayoría de edad.

Lo dice Gustavo Gutiérrez en estos términos:

"La teología de la liberación es una de las expresiones de la adultez que comienza a alcanzar la sociedad latinoamericana y la Iglesia presente en ella en las últimas décadas. Medellín tomó acta de esta edad mayor y ello contribuyó poderosamente a su significación y alcance históricos".

En cuanto a nuestra iglesia continental, el Concilio ha facilitado que ella tome conciencia de la posibilidad de ser adulta. Ya Pío XII había auspiciado el despliegue de iglesias continentales y locales. En América Latina pudo constituirse el Celam, única conferencia episcopal que en el Concilio actuó organizadamente. Medellín (1968), Puebla (1979) y Aparecida (2007) fueron conferencias que nos encaminaron por la senda de la autonomía católica, a saber, una que se nutre de su relación con la iglesia de Roma. Santo Domingo, en cambio, representa un retroceso. Esta conferencia, de hecho, no ha sido bien recibida. Esta conferencia fue intervenida por la curia romana. Y, sin embargo, Santo Domingo (1992) ratificó la opción preferencial por los pobres que, podríamos decir, es el nombre de la recepción latinoamericana del Concilio.

En las otras regiones del mundo ocurre hoy algo semejante. En Oriente, por ejemplo, ha sido muy difícil desarrollar una Iglesia "oriental". Sin embargo, allí donde los cristianos se encuentran con tradiciones religiosas milenarias e inmensamente mayoritarias, el Concilio ha abierto en ellas su valoración. Según Rahner, esta apertura religiosa ha supuesto un progreso doctrinal:

Pero se puede también decir que, bajo el aspecto doctrinal, el Concilio ha hecho cosas que son de importancia fundamental para una misión de escala mundial: en la Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas ha abierto por primera vez en la historia del Magisterio eclesiástico la vía a una valoración también positiva de las grandes religiones mundiales.

Rahner hace ver que en documentos claves del Vaticano II la doctrina hizo progresos notables:

Una voluntad salvífica universal y eficaz de Dios que encuentra un único límite en la decisión mala de la conciencia del hombre y en nada más, admitiendo así la posibilidad de una fe salvífica verdadera y propia también fuera de la revelación verbal cristiana, de modo que se han puesto las premisas fundamentales para la misión mundial de la Iglesia, las cuales no existían en la teología precedente.

El Concilio, sin hablar de inculturación -concepto usado con posterioridad- supone que Cristo, a través de su Espíritu, está actuando en todos los pueblos. La Constitución de la Iglesia en el mundo de hoy afirma:

"...esto vale no sólo para los que creen en Cristo, sino aun para todos los hombres de buena voluntad, en cuyo corazón obra la gracia de un modo invisible. Puesto que Cristo murió por todos y la vocación última del hombre es efectivamente una tan sólo, es decir, la vocación divina, debemos mantener que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma por Dios conocida, lleguen a asociarse a este misterio pascual" (Gaudium et spes, 22).

En suma, el Concilio puso las bases de la que tendría que ser una Iglesia mundial, policéntrica, dirá Juan Bautista Metz. Una iglesia no solo más autónoma, desde el punto de vista del gobierno, sino culturalmente más diversificada. Que Jorge Bergoglio haya llegado a ser papa, representa la valoración que la Iglesia hace de la posibilidad de una iglesia mundial (Rahner).


2.- LA IGLESIA LATINOAMERICANA POST-CONCILIAR

El impacto del Vaticano II en América Latina en los últimos cincuenta años ha sido enorme. Este es el contexto que mejor explica quién es Jorge Bergoglio y, también, en cierto sentido, por qué ha podido llegar a ser Papa.

Pocas iglesias parecieron estar mejor preparadas que la de América Latina para asimilar tan positivamente el Concilio. Este, de hecho, respondía a los desafíos de la Reforma y de la modernidad. Se ha dicho muchas veces que es un concilio europeo. Sin embargo, el Vaticano II fue absorbido con protagonismo y creatividad por las varias iglesias locales. El mismo contexto de alta tensión en el continente latinoamericano había exigido una atención y urgencia para responder a las expectativas de liberación y de paz con el Evangelio. Medellín fue la ocasión más significativa en que la Iglesia Latinoamericana respondió pastoralmente a las circunstancias de acuerdo a las grandes pautas que el Concilio le dio. En el camino a la adultez de esta Iglesia, el Vaticano II marcará un antes y un después.

La elección de Bergoglio como Papa representa en buena medida a una iglesia "hija" que llega a la mayoría de edad. Este era tema en la década de los sesenta. A la dependencia económica de las grandes potencias había que sumar otras dependencias, en todos los ámbitos, del continente y de la Iglesia latinoamericana. El estilo de gobierno de Francisco, algo refleja la irrupción de una Iglesia joven entre las mayores. Esta iglesia local se instala entre las más antiguas como el adolescente que hace sentir la casa es "su" casa y no tiene, en consecuencia, que cuidar mucho sus modos de expresarse.

Lo que despunta en la América Latina post-conciliar, y en el mismo Bergoglio, como realmente importante, todavía está por prosperar con fuerza. Está pendiente una mayor inculturación del Evangelio. Falta, en primer lugar, una valoración de la cultura de las iglesias. Los latinoamericanos, ante Europa y EE.UU., no se han valorado suficientemente a sí mismos. La Iglesia del continente es aún, en buena medida, una iglesia europea.

Esto no obstante, la Iglesia del continente ha ido tomando conciencia y ha valorado su diferencia cultural respecto de Europa, y su propia pluralidad cultural. Lo dice Francisco en términos rotundos:

No haría justicia a la lógica de la encarnación pensar en un cristianismo monocultural y monocorde. Si bien es verdad que algunas culturas han estado estrechamente ligadas a la predicación del Evangelio y al desarrollo de un pensamiento cristiano, el mensaje revelado no se identifica con ninguna de ellas y tiene un contenido transcultural. Por ello, en la evangelización de nuevas culturas o de culturas que no han acogido la predicación cristiana, no es indispensable imponer una determinada forma cultural, por más bella y antigua que sea, junto con la propuesta del Evangelio. El mensaje que anunciamos siempre tiene algún ropaje cultural, pero a veces en la Iglesia caemos en la vanidosa sacralización de la propia cultura, con lo cual podemos mostrar más fanatismo que auténtico fervor evangelizador (EG 117).

El Papa argentino reclama contra la versión occidental del cristianismo, pues las iglesias regionales y locales no europeas han sufrido el irrespeto a su posibilidad de desarrollarse con protagonismo. ¿Será posible alguna vez una inculturación latinoamericana en los campos del dogma, de la moral, de la liturgia y de derecho canónico? Rahner ha osado ir tan lejos. Probablemente Bergoglio también. Los dos son jesuitas. Los dos han sabido de la frustración de las misiones de China, India y tantas veces en la misma América Latina.

Sabemos, sin embargo, que el cristianismo, no obstante la marca occidental con que se impuso en el continente siempre pudo ser recibido en las categorías culturales locales. Hay numerosos ejemplos, aun cuando el sincretismo tan propio de encuentro cultural entre pueblos distintos no puede no expresarse con ambigüedad. La Virgen de Guadalupe y la historia de Juan Diego son el caso por excelencia de apropiación cultural del cristianismo. La música sacra de las reducciones jesuitas de Paraguay, los bailes religiosos de la triple frontera de Bolivia, Chile y Perú, y otras expresiones semejantes son prueba de que la fe en Cristo ha tenido una recepción latinoamericana importante.

Pues bien, nuestra opinión es que en este suelo latinoamericano la mayor inculturación del Evangelio ha sido la formulación la opción por los pobres. Esta opción, por otra parte, ha sido reconocida como esencial del Evangelio en otras partes del mundo y se ha difundido gracias a los mismos papas. Francisco la entiende del modo siguiente:

Para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica. Dios les otorga "su primera misericordia".Esta preferencia divina tiene consecuencias en la vida de fe de todos los cristianos, llamados a tener "los mismos sentimientos de Jesucristo" (Flp 2,5). Inspirada en ella, la Iglesia hizo una opción por los pobres entendida como una "forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio toda la tradición de la Iglesia". Esta opción -enseñaba Benedicto XVI- "está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza".


Por eso quiero una Iglesia pobre para los pobres. Ellos tienen mucho que enseñarnos. Además de participar del sensus fidei, en sus propios dolores conocen al Cristo sufriente. Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos. La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia. Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos (EG 198).

Ha sido sin duda la Teología latinoamericana de la liberación que ha elevado a concepto esta opción de la Iglesia en América Latina. La inculturación en este continente pobre ha encontrado en esta teología una reflexión original, propia de una Iglesia que piensa por sí misma. La opción por los pobres u opción preferencial por ellos se ha convertido en el nombre de la recepción latinoamericana del Concilio. Por cincuenta años, una Iglesia que ha querido arraigar entre los pobres para anunciar a ellos el Evangelio y oír el Evangelio de los mismos pobres, es el ambiente natural que mejor explica a Jorge Bergoglio. La expresión suya: "cuanto querría una Iglesia pobre y para los pobres", hizo fortuna en el continente, especialmente en los sectores populares de la Iglesia, porque sonó aquí como una fórmula representativa de su manera de entender el cristianismo.

No es fácil ubicar a Jorge Bergoglio en el movimiento de la Teología de la liberación. No siendo él teólogo, tampoco se puede decir que haya sido un simpatizante de ella. He aquí un punto de discusión interesante. Bergoglio sí ha podido identificarse con la Teología argentina del pueblo. El ahora Papa, siendo obispo de Buenos Aires, hizo sepultar en la catedral de la ciudad a Lucio Gera, el principal representante de esta teología. Esta teología local no ha tenido tal vez influjo en el resto de América Latina por su acento peronista.

Bergoglio es peronista en algún sentido del término que solo un argentino podría descifrar. Pero sí ha podido tener influjo como una teología del "pueblo", del mismo pueblo en cuanto "fiel", en cuanto a su religión popular. De aquí que J. C. Scannone ha acertado ubicando a esta teología entre una de las corrientes de la Teología de la liberación. Este mismo teólogo puede ser ubicado tanto en esta como en aquella. Los tres, Scannone, Gera y Bergoglio, sin embargo, no han querido saber nada del marxismo. Los teólogos de la liberación filo-marxistas no han querido reconocer en sus filas a la Teología del pueblo, y tampoco estos han querido que se los incorpore entre los teólogos de la liberación si por esta se entiende un intento de hibridaje con el marxismo.

Esto no obstante, ya que la Teología de la liberación y la Teología argentina tienen en común lo más importante, esto es, la opción por los pobres, la llegada al papado de Bergoglio ha sido recibida con fuertes aplausos por el ala izquierda de la Iglesia del continente. Ambas teologías, además, comparten un talante marcadamente pastoral y espiritual. El paso de Benedicto XVI a Francisco, en este punto, ha podido ser muy desconcertante para muchos. Se dirá que uno es un teólogo y otro un pastor. En realidad, ambos papas han reflejado dos modos de ser iglesia. En Francisco aparece claramente una orientación decididamente pastoral, que los latinoamericanos celebran. Se reconoce que no se necesita ser teólogo para ser Papa. Habrá ocurrido muchas veces en la Iglesia. Lo que en este caso llama la atención es el desenfado con que Francisco se empeña en sacar fuera a la Iglesia, urgiéndola a cumplir su misión pastoral universal.

La elección de Bergoglio representa un giro extraordinario del centro a la periferia. El mismo Papa remira la encarnación en esta clave:

El corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres, tanto que hasta Él mismo "se hizo pobre" (2 Co 8,9). Todo el camino de nuestra redención está signado por los pobres. Esta salvación vino a nosotros a través del ‘sí' de una humilde muchacha de un pequeño pueblo perdido en la periferia de un gran imperio (EG 197).

Las periferias para Francisco pueden ser de distinta índole. Puede tratarse de territorios periféricos o de ambientes socio-culturales (cf., EG 20. 30). Le hemos oído hablar de "periferias existenciales". La que más le preocupa, insiste en ello, es la de los que son excluidos:

Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son ‘explotados' sino desechos, ‘sobrantes' (EG 53).

En Evangelii Gaudium Francisco cita varias veces a conferencias episcopales regionales: EE.UU. (EG 64), Francia (EG 66), Brasil (EG 191), Filipinas (EG 215), Congo (EG 230), India (EG 250). Queda atrás la costumbre papal de citarse solo a sí mismo. Al citar a otros episcopados, el Papa cumple con dos característica que aquí hemos querido subrayar. La sensibilidad periférica de alguien que sabe que el "sur" existe. Y, segundo, la necesidad de descentralizar el gobierno de la Iglesia. En cuestión de magisterio Roma no puede seguir monopolizándolo todo.

La gran pregunta que espera respuesta es acaso el papa Bergoglio, que ha sido elegido principalmente para reformar la Curia, será capaz de emprender una reforma de las relaciones de la iglesia de Roma con las iglesias del resto del mundo. Solo en este caso, creemos, se liberará la posibilidad de la iglesia mundial prevista por Rahner y será posible que la Iglesia Católica realmente se constituya desde la periferia. "Una Iglesia pobre y para los pobres" solo será tal cuando las iglesias periféricas sean protagonistas culturales y teológicas.


3.- UN ESTILO DE CRISTIANISMO LATINOAMERICANO

Francisco Papa representa un giro único en la historia de la Iglesia: un desplazamiento del gobierno hacia la periferia. Con él, el papado ha saltado, por así decirlo, de Europa al otro lado del Atlántico. ¿Augura este giro la constitución de una Iglesia policéntrica (Metz)? Talvez, pero sí presagia una Iglesia que puede inculturarse en otras latitudes. Desde el triunfo de Pablo sobre Pedro en Jerusalén, desde el triunfo del latín sobre el griego como idioma del cristianismo de los primeros siglos, no se daba un paso tan significativo. El nuevo Papa, que habla castellano, se defiende en italiano y parece no tener el mínimo interés por mantener el latín como idioma oficial de la Iglesia, constituye una prueba de la madurez de la Iglesia para convertirse en "mundial".

¿Qué lo distingue como cristiano latinoamericano? Se ha de ser cuidadoso en el análisis. Lo que aquí más interesa son los rasgos de alguien que encarna personalmente una inculturación del Evangelio. Bergoglio es argentino hijo de inmigrantes. Él ha sabido en carne propia lo que significó para sus padres sintetizar la cultura europea con la latinoamericana en un país que, por otra parte, es fruto antiguo de esta misma síntesis. Pero esta experiencia de inmigrantes no es por sí misma lo que llama nuestra atención. En América Latina son muchos los inmigrantes, pero no todos han inculturado el Evangelio. Tampoco nos interesa particularmente que sea porteño y no argentino del interior. Hay en él rasgos de carácter que podrían resultar odiosos para argentinos de Córdova. El perfil psicológico y cultural del Papa ciertamente juega un rol importante en su modo de gobernar la Iglesia, pero estas características humanas gozan para nosotros de importancia en la medida que son asumidas por una cristiano periférico latinoamericano.

Algo muy parecido hay que decir de su ser jesuita. Es evidente que lo es, pero sus características en cuanto tal las encontraremos también en los jesuitas europeos y asiáticos. Aquí, en cambio, nos resulta interesante que él sea jesuita en la medida que es un cristiano latinoamericano del post-concilio. En este sentido, no podemos pasar de largo que Bergoglio pertenece a la generación de jesuitas que, a lo largo de la historia de la Compañía de Jesús, se encuentran en la tercera gran etapa. La primera, de Ignacio y sus compañeros duró hasta la supresión. La segunda se extendió desde la restauración hasta el Concilio Vaticano II y se caracterizó más bien por adaptarse a las orientaciones de la Propaganda Fidei.

En esta tercera etapa, la del Concilio en adelante, la Compañía de Jesús ha intentado realizar precisamente una inculturación del Evangelio, que como hemos mencionado no ha sido del todo nueva en su historia, y que en el caso de América Latina se ha caracterizado, más que en otras partes, por acoger la fórmula de misión de la Congregación General XXXII del "servicio de la fe y la promoción de la justicia". Desde su Congregación General XXXI los jesuitas latinoamericanos han hecho suyo el Concilio con una intensidad extraordinaria y en Latinoamérica han sintonizado y promovido la opción por los pobres hasta el martirio. Bergoglio es un jesuita de Medellín y Puebla. En Aparecida fue un redactor importante del texto final precisamente en aquellos temas que mejor representan la inculturación latinoamericana del Evangelio.

Hay otros rasgos de Francisco muy marcados en su pontificado que, sin ser necesariamente latinoamericanos, se nutren de su mirada evangélica periférica. No podemos pasar por alto su deseo de una Iglesia misericordiosa. Bergoglio ha sido un crítico implacable de la versión farisaica del cristianismo predominante en el llamado "invierno eclesial", período inaugurado con Juan Pablo II, dominado por católicos tradicionalistas. Esta iglesia ha caído en la antigua tentación del menosprecio de los pecadores de parte de los justos y de la prevalencia de la doctrina sobre la realidad de la vida, a veces desgarradora, de las personas. Esta actitud del Papa Francisco que ha podido ser aplaudida en Europa y otras partes, también podemos pensar que proviene de su opción por los pobres. El Sínodo de la familia, por ejemplo, lleva la marca de la misericordia que este Papa ha querido imprimirle.

Hay tres asuntos de estilo de Francisco que sí parecen subrayar el surgimiento de una iglesia latinoamericana adulta. Hemos dicho que este Papa ha sido elegido para reformar la Curia romana. Lo que nadie esperaba es el trato que muchas veces ha dado a sus integrantes. Por cierto, recibió de Benedicto un aparato de gobierno deteriorado y con señales preocupantes de corrupción. La llegada de Bergoglio ha debido irritar tremendamente a personas que han profitado de sus cargos e influencias, y que han vivido de una cultura cortesana que poco tiene que ver con los valores de las bienaventuranzas. Famosos fueron sus puntos de oración dados por él mismo a los purpurados, señalándoles con todas sus letras la enfermedades de la Curia.

¿Cómo habrán tomado los asistentes que se les haya dicho que pueden adolecer de Alzheimer espiritual? Francisco ha irrumpido en este ambiente a contracorriente. En esto no hay que ver un asunto de carácter -aunque de carácter tiene mucho -sino de un propósito latinoamericano por cortar con un gobierno centralizado de la Iglesia que ha abusado de su poder. Las iglesias latinoamericanas y de otras partes del mundo han padecido humillaciones sin fin de parte de los funcionarios vaticanos. Difícilmente podrá olvidarse que el texto de Aparecida volvió de Roma cambiado por un cardenal de la Curia. Francisco estima que esta situación no puede continuar.

Otro asunto notable, ciertamente el que más, ha sido su impresionante opción por los pobres. Ha viajado a los lugares más pobres. Su ida a Lampedusa fue profética. Hizo instalar duchas en el Vaticano para los mendigos que viven en las calles. Ha almorzado con los pobres en comedores populares. Ha pedido a las congregaciones religiosas en crisis de vocaciones que abran sus enormes casas en Roma a los inmigrantes. La lista de iniciativas de este tipo es interminable. Todas estas expresiones de ida a los más pobres son consistentes con sus gestos que indican un deseo de un estilo más sencillo de representación del Papa.

Por ejemplo: cambió el majestuoso sillón pontificio por uno más modesto; se le ha visto retirando la basura de la casa Santa Marta; si hubo de necesitar anteojos nuevos, los fue a comprar a una óptica corriente, en vez de hacer ir a los ópticos al Vaticano; cambió el uso de un auto millonario por el más humilde de los Fiat. Nada de esto es casual. No puede ser visto como un asunto de virtud personal de Jorge Bergoglio, sino como una indicación neta del Papa de recuperar el Evangelio, lo cual ha sido muy propio de una Iglesia latinoamericana que en el período postconciliar ha querido ser la "Iglesia de los pobres".


Por último, un tercer rasgo de Francisco es su modo directo y horizontal, incluso descuidado, de expresarse. Hasta Francisco, parecía que los papas debían ser infalibles en cada una de sus palabras. Prácticamente no podían decir nada que no fuera por escrito. La costumbre de citarse solo a sí mismo reforzaba el priurito de tener que enseñar la verdad sin sombra de error. El Papa actual habla sin papeles. Acepta responder a los periodistas en on. No teme a cometer errores, y los ha cometido. Habla con libertad y, en consecuencia, deja espacio a que otros también lo hagan.

Tal vez lo más sorprendente es haber lanzado 38 preguntas sobre moral familiar y sexual a toda la Iglesia, sin temor a que los católicos, laicos y consagrados, pudieran dudar de la doctrina tradicional. Este modo de expresarse tal vez no sea del todo latinoamericano, mucho tiene que ver con su carácter bastante italiano, pero tiene un aire de novedad, la novedad de quien viene de otra área del mundo. En Francisco predomina la urgencia de desarrollar relaciones horizontales entre los sacerdotes y los laicos, tal como parece haberlo querido el Vaticano II. Su disposición general es pastoral. Como pastoral ha sido la impronta de la Iglesia liberadora del continente.

El excesivo protagonismo del Papa hacer pensar acaso él no terminará traicionando lo que representa, a saber, este giro eclesial hacia los márgenes. ¿Tiene claro Francisco que debe ceder más espacio a los otros episcopados? Lo suponemos. Sí sabemos que quiere cambios importantes. Talvez no tenga otro medio para alcanzar una iglesia policéntrica que utilizando el poder que tiene para orientarlo en la dirección correcta. La prueba de fuego, en cualquier caso, será la reforma de la Curia. No se necesita tanto una Curia mejor como un nuevo modo de relacionarse el centro con la periferia, es decir, la iglesia de Roma con las otras iglesias del mundo. La demanda unánime es por más autonomía. Por esta vía los cristianos latinoamericanos llegaremos a una apropiación original del Evangelio.


lunes, 14 de agosto de 2017

Emir Sader: América Latina contra el pensamiento único



Emir Sader

Hay que borrar las políticas que han caracterizado a un cierto número de países de América Latina, porque ellas desmienten el pensamiento único. Hay que borrar de la conciencia de la gente que es posible hacer políticas distintas de las que todavía dominan el mundo.

Hay que hacer que las personas recuerden que no se debe naturalizar el mercado, que los derechos deben ser garantizados, si queremos sociedades menos injustas, con menos exclusión social, menos miseria y menos pobreza.

Para ello hay que hacer como si Argentina no hubiera superado la peor crisis de su historia, a comienzos del siglo XXI, no haciendo que el peso de la crisis recaiga sobre la gran masa del pueblo. Como si Brasil -hasta hace poco el país más desigual del continente y del mundo- no solamente haya salido de ese puesto, como lo ha hecho, por primera vez en su historia, del mapa del hambre.

Como si Bolivia no hubiera pasado de uno de los países más pobres de América Latina a ser el más ejemplar en su desarrollo económico, social, político, étnico y cultural. Y todo lo que ha pasado también en países como Ecuador, Uruguay y Venezuela. Hay que hacer que América Latina -o al menos algunos países del continente-dejen de ser puntos fuera de la curva y vuelvan a su rol de países injustos, endeudados, humillados y ofendidos. Que no tengan soberanía externa y tampoco Estados fuertes y legitimados por el voto democrático del pueblo.

Me di cuenta recién, cuando he participado en un seminario sobre políticas de inclusión en el que, para mi espanto, las políticas sociales de los gobiernos progresistas de América Latina han estado ausentes, aun si el seminario tenía 17 conferencias. Pero una sola sobre América Latina, sobre la exclusión social en algunos países del continente. Hasta hace poco las políticas sociales brasileñas, bolivianas, venezolanas, uruguayas, argentinas, ecuatorianas, eran el centro de cualquier evento o debate acerca de cualquier aspecto social del mundo contemporáneo.

Como ejemplos que contrastan con lo que pasa en Europa, en Estados Unidos, en Asia, en África y en otros países de América Latina. Eran ejemplos concretos de cómo es posible, aun en un mundo dominado por el neoliberalismo, remar en contra de la corriente y diminuir la desigualdad, la injusticia, el hambre, la miseria y la pobreza.

Eran malos ejemplos para el pensamiento dominante. Habría que derrotar a esos gobiernos y borrar de la conciencia de los pueblos de esos países y de los otros, esas políticas. Habría que destruir las imágenes de los líderes de esas políticas. Campañas feroces de atacar a personas se desarrollan en contra de Lula, Evo, Cristina, Pepe Mujica, Rafael Correa, entre otros, para complementar el cierre de un capítulo de nuestra historia, que debiera pasar a la historia como un breve paréntesis ‘populista’, de locura política en contra de la indefectible lógica económica.

Largas exposiciones sobre la exclusión y la pobreza en el mundo, y en todas sus regiones no se complementan con alternativas sociales concretas, resultado de gobiernos populares y democráticos. Todo como se ha hecho siempre en eventos sobre cuestiones de carácter social.

Pero ahora se trata de mantener el debate a nivel teórico, en constataciones sobre la concentración de renta, la exclusión social, etc., pero sin desembocar en alternativas concretas.

Todo se queda envuelto en un escenario desalentador, en que el mundo va para lo peor, caso ineluctablemente, porque no se mencionan opciones concretas de superación de esos problemas. Es que el cuestionamiento de la supuesta condenación de la humanidad al pensamiento único había dejado de ser un tema teórico, para residir en el plano concreto de países determinados, que ha hecho la opción de atacar las raíces de esos problemas, el modelo neoliberal. Es un mal ejemplo para el sistema financiero internacional, para los ideólogos del fin de la historia, para los adeptos del consenso de Washington, para los que -en particular economistas- consideran todavía en el pensamiento único como política económica dictada por los mercados. Un mal ejemplo que hay que eliminar como gobiernos, como políticas, como derechos y como memoria en la cabeza de los pueblos.

La historia no ha terminado, el pensamiento nunca es único, consensos solo hay impuestos por Washington. La historia es siempre un proceso abierto, en que la conciencia y la organización de los pueblos definen los caminos, hacia una dirección u otro. Nunca la historia de la humanidad ha estado tan abierta, tan indefinida.

Ni siquiera la globalización neoliberal es un camino sin vuelta. En América Latina es donde esa disputa está más abierta que nunca. Elecciones en los próximos dos años en países como Chile, Colombia, Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, México, Honduras, Paraguay, Venezuela, entre otros, van a definir senderos futuros en el continente, en que las luchas populares y las luchas de ideales son los escenarios que preparan los futuros, siempre abiertos, del continente.

América Latina puede dar nuevos pasos para enterrar definitivamente las ilusiones del pensamiento único.

sábado, 12 de agosto de 2017

Leonardo Boff: La “democracia” de los sinvergüenzas


Leonardo Boff

Es difícil quedarse callado después de haber presenciado la funesta y desvergonzada sesión de la Cámara de los Diputados que votó contra la admisión de un proceso del STF contra el presidente Temer por crimen de corrupción pasiva.

Lo que la sesión mostró fue la real naturaleza de nuestra democracia que se niega a sí misma. Si la medimos por los predicados mínimos de toda democracia que son: el respeto a la soberanía popular, la observancia de los derechos fundamentales del ciudadano, la búsqueda de una equidad mínima en la sociedad, la incentivación a la participación, el bien común, además de una ética pública reconocible, ella se presenta como una farsa y la negación de sí misma.

Ni siquiera es una democracia de bajísima intensidad. Esta vez se reveló, con nobles excepciones, como una cueva de gente denunciada por crímenes, de corruptos y ladrones a la orilla del camino para asaltar los centavos de los ciudadanos.

¿Cómo iban a votar a favor de la apertura de un juicio al presidente por el Supremo Tribunal Federal si cerca del 40% de los diputados actuales hacen frente a varios tipos de procesos ante la Corte Suprema? Existe siempre una conspiración secreta entre los criminales o acusados como tales, al estilo de las famiglie de la mafia.

Nunca en mi ya larga y cansada existencia oí que algún candidato vendiese su sitio o se deshiciese de alguno de sus bienes para financiar su campaña, sino que recurrió siempre a empresarios y a otros adinerados para financiar su millonaria elección. La caja 2 se naturalizó y las propinas fabulosas fueron creciendo de campaña en campaña a medida que aumentaban los intercambios de beneficios.

Esta vez, el palacio de Planalto se transformó en la cueva principal del gran Alí-Babá que distribuía bienes a cielo abierto, prometía subsidios por millones e incluso ofrecía otros beneficios para comprar votos a su favor. Este solo hecho merecería una investigación de corrupción abierta y escandalosa a los ojos de los que guardan un mínimo de ética y de decencia, especialmente de la gente del pueblo que se quedó profundamente horrorizada y avergonzada.

Efectivamente, ningún brasilero merecía tanta humillación hasta el punto de que tantos sintieran vergüenza de ser brasileros.

Los parlamentarios, incluidos los senadores, representan antes los intereses corporativos de los que financiaron sus campañas que a los ciudadanos que los eligieron.

Hemos tenido ya suficiente distancia temporal como para poder percibir con claridad el sentido del golpe parlamentario dado con la complicidad de parte del estamento judicial y con apoyo masivo de los medios de comunicación empresariales: desmontar los avances sociales en favor de la población más pobre, que fue siempre, desde la colonia, al decir del mayor historiador mulato Capistrano de Abreu: «castrada y recastrada, sangrada y desangrada». Y también el de alinear a Brasil con la lógica imperial de los USA en lugar de tener una política externa «activa y altiva».

Las clases oligárquicas (Jessé Souza, ex-presidente exonerado del IPEA por el actual presidente, nos da el número exacto: 71.440 supermillonarios, cuya renta mensual, generalmente por la financierización de la economía, alcanza los 600 mil reales por mes), nunca aceptaron que alguien venido de abajo y representante de los supervivientes de la tribulación histórica de los hijos e hijas de la pobreza, llegase a ocupar el centro del poder. Se asustaron al verlos presentes en los aeropuertos y en los centros comerciales, lugares de su exclusividad. Debían ser devueltos al lugar de donde nunca deberían haber salido: la periferia y la favela. No sólo los quieren lejos, van más allá: los odian, los humillan y difunden este inhumano sentimiento por todos los medios. El pueblo no es el que odia, lo confirma Jessé Souza, sino los adinerados que los explotan y con tristeza y por obligación legal les pagan sus miserables salarios. ¿Por qué pagarles, si pueden trabajar siempre gratis como antiguamente?

Historiadores de la talla de José Honorio Rodrigues, entre otros, han mostrado que siempre que los descendientes y actualizadores de la Casa Grande perciben políticas sociales transformadoras de las condiciones de vida de los pobres y marginados, dan un golpe de estado por miedo a perder su nivel escandaloso de acumulación, considerado uno de los más altos del mundo. No defienden derechos para todos, sino privilegios de algunos, es decir, los de ellos. El actual golpe obedece a esta misma lógica.

Hay mucho desaliento y tristeza en el país. Pero este padecimiento no será en vano. Es una noche que nos va a traer una aurora de esperanza de que vamos a superar esta crisis rumbo a una sociedad –en palabras de Paulo Freire– «menos malvada», y donde «no sea tan difícil el amor».

viernes, 11 de agosto de 2017

Fray Marcos Rodriguez: LA FE NO ES ACEPTAR UNAS VERDADES SINO CONFIAR

 
Fray Marcos Rodriguez
Mt 14, 22-33
 
Este relato se parece más a los relatos de apariciones pascuales. Algunos exégetas sugieren que puede tratarse de un relato de Jesús resucitado, que han colocado más tarde en el contexto de la vida real. La primera lectura nos empuja a una interpretación espiritual. Tanto Elías como Pedro reciben una lección. Los dos habían hecho un Dios a su imagen y semejanza. La experiencia les enseña que Dios no se puede meter en conceptos y que es siempre más de lo que creemos. Nunca se identifica con lo que pensamos de Él.
 
Además de Mt, lo narra Mc y Jn. Los tres lo sitúan después de la multiplicación de los panes. Los tres presentan a Jesús subiendo a la montaña para orar. En los tres relatos, Jesús camina sobre el agua. También coinciden en señalar el miedo de los discípulos; Mt y Mc dicen que gritaron. La respuesta de Jesús es la misma: Soy yo, no tengáis miedo. En Mc y Mt, Jesús manda a los discípulos embarcar y marchar a la otra orilla; pero el verbo griego, deja entrever cierta imposición. En Jn, la iniciativa es de los discípulos.
 
En el AT, el monte es el lugar de la divinidad. Jesús, después de un día ajetreado, se eleva al ámbito de lo divino. Como Moisés la segunda vez que sube al Sinaí, va solo. Nadie le sigue en esa cercanía a la esfera de lo divino. La multitud solo piensa en comer. Los apóstoles piensan en medrar. Para superar la tentación, Jesús se pone a orar. Orar es darse cuenta de lo que hay de Dios en él para poder vivirlo. Es muy interesante descubrir que Jesús necesita de la oración, desbaratando así la idea simplista, que tenemos, de que él era Dios sin más. Jesús tiene necesidad de momentos de auténtica contemplación.
 
Jesús sube a lo más alto. Los discípulos bajan hasta el nivel más bajo. Esperan encontrar allí las seguridades que Jesús les niega al no aceptar ser rey. En realidad encuentran la oscuridad, la zozobra, el miedo. Las aguas turbulentas representan las fuerzas del mal. Son el signo del caos, de la destrucción, de la muerte. Jesús camina sobre todo esto. En el AT se dice expresamente que solo Dios puede caminar sobre el dorso del océano. Al caminar Jesús sobre las aguas, se está diciendo que domina sobre las fuerzas del mal.
 
En el relato se aprecia la visión que de Jesús tenía aquella primera comunidad. Era verdadero hombre y como tal, tenía necesidad de la oración para descubrir lo que era y superar la tentación de quedarse en lo material. Al caminar sobre el mar, está demostrando que era también verdadero Dios. La confesión final es la confirmación de esta experiencia. Esta confesión apunta también a un relato pascual, porque solo después de la experiencia de la resurrección, confesaron los apóstoles la divinidad de Jesús.
 
La barca es símbolo de la nueva comunidad. Las dificultades que atraviesan los apóstoles, son consecuencia del alejamiento de Jesús. Esto se aprecia mejor en el evangelio de Jn, que deja muy claro que fueron ellos los que decidieron marcharse sin esperar a Jesús. Se alejan malhumorados porque Jesús no aceptó las aclamaciones de la gente saciada. Pero Jesús no les abandona a ellos y va en su busca. Para ellos Jesús es un “fantasma”; está en las nubes y no pisa tierra. No responde a sus intereses y es incompatible con sus pretensiones. Su cercanía, sin embargo, les hace descubrir al verdadero Jesús.
 
El miedo es el primer efecto de toda teofanía. El ser humano no se encuentra a gusto en presencia de lo divino. Hay algo en esa presencia de Dios que le inquieta. La presencia del Dios auténtico no da seguridades, sino zozobra; seguramente porque el verdadero Dios no se deja manipular, es incontrolable y nos desborda. La respuesta de Jesús a los gritos es una clara alusión al episodio de Moisés ante la zarza. El “ego eimi” (yo soy) en boca de Jesús es una clara alusión a su divinidad. Jn lo utiliza con mucha frecuencia.
 
El episodio de Pedro, merece una mención especial ya que tiene mucha miga. Pedro siente una curiosidad inmensa al descubrir que su amigo Jesús se presenta con poderes divinos, y quiere participar de ese mismo privilegio. “Mándame ir hacia ti, andando sobre el agua”; que es lo mismo que decir: haz que yo partícipe del poder divino como tú. Pero Pedro quiere lograrlo por arte de magia, no por una transformación personal. Jesús le invita a entrar en la esfera de lo divino y participar de ese verdadero ser: ven.
 
Estamos hablando de la aspiración más profunda de todo ser humano consciente. En todas las épocas ha habido hombres que han descubierto esa presencia de Dios. Pedro representa aquí, a cada uno de los discípulos que aún no han comprendido las exigencias del seguimiento. Jesús no revindica para sí esa presencia divina, sino que da a entender que todos estamos invitados a esa participación. Pedro camina sobre el agua mientras está mirando a Jesús; se empieza a hundir cuando mira a las olas. No está preparado para acceder a la esfera de lo divino porque no es capaz de prescindir de las seguridades.
 
El verdadero Dios no puede llegar a nosotros desde fuera y a través de los sentidos. No podemos verlo, ni oírlo ni tocarlo, ni olerlo ni gustarlo. Tampoco llegará a través de la especulación y los razonamientos. Dios no tiene más que un camino para llegar a nosotros: nuestro propio ser. Su acción no se puede “sentir”. Esa presencia de Dios, solo puede ser vivida. El budismo tiene una frase, a primera vista tremenda: “si te encuentras con el Buda, mátalo”. Si te encuentras con dios, mátalo. Ese dios es falso, es una creación tuya; es un ídolo. Si lo buscas fuera de ti, estás persiguiendo un fantasma.
 
También hoy, el viento es contrario, las olas son inmensas, las cosas no salen bien y encima, es de noche y Jesús no está presente. Todo apunta a la desesperanza. Pero resulta que Dios está donde menos lo esperamos: en medio de las dificultades, en medio del caos y de las olas, aunque nos cueste tanto reconocerlo. La gran tentación ha sido siempre que se manifestará de forma portentosa. Seguimos esperando de Dios el milagro. Dios no está en el huracán, ni en el terremoto, ni en el fuego. Es apenas un susurro.
 
Hoy tenemos que afrontar la misma disyuntiva. O mantener a toda costa nuestro ídolo, o atrevernos a buscar el verdadero Dios. La tentación sigue siendo la misma, mantener el ídolo que hemos pulido y alicatado desde la prehistoria. La consecuencia es clara: nunca encontraremos al Dios verdadero. Esta es la causa de que se alejen de las instituciones los que mejor dispuestos están. Los que no aceptan los falsos dioses que nos empeñamos en venderles. Se encuentran, en cambio, muy a gusto con ese “dios” los que no quieren perder las falsas seguridades que les dan los ídolos fabricados a nuestra medida.
 
El ser humano ha buscado siempre el Dios todopoderoso que hace y deshace a capricho, que empleará esa omnipotencia en favor mío, si cumplo determinadas condiciones. Si en la religión buscamos seguridades, estamos tergiversando la verdadera fe-confianza. Dios no puede darme ni prometerme nada que no sea Él mismo. Ni como Iglesia ni como individuos debemos poner nuestra meta en las seguridades externas. Las seguridades, que con tanto ahínco busca nuestro yo, son el mayor peligro para llegar a Dios.
 
 
Meditación-contemplación
 
El ansia de lo divino es una constante en el ser humano.
La trampa es querer conseguirlo por un camino equivocado.
Lo divino forma parte de mí.
Es la parte sustancial y primigenia de mi ser.
Cuando descubro y vivo esa presencia,
despliego todas las posibilidades de ser que ya hay en mí.

Obispa Bridget Mary Meehan: Mujer obispa llama a las mujeres a unirse al movimiento

Más de 250 sacerdotes y obispas de todo el mundo han desafiado la prohibición del Vaticano y son miembros de la Asociación de Sacerdotes Católicos Romanos.


7 de agosto de 2017 2:30

Una obispa católica, que ha sido excomulgada por el Vaticano, ha apelado a las mujeres irlandesas que se sienten llamadas al sacerdocio para unirse a su renegado movimiento de mujeres sacerdotes.

La Obispa Bridget Mary Meehan es una ex monja y fue ordenada sacerdote en Pittsburgh, Estados Unidos, en julio de 2006. Más tarde fue ordenada obispa en California y ahora ministra como sacerdote en Sarasota, Florida, a pesar de que la Iglesia católica prohíbe la ordenación de mujeres bajo pena de excomunión.

Más de 250 sacerdotes y obispas de todo el mundo han desafiado la prohibición del Vaticano y son miembros de la Asociación de Sacerdotes Católicos Romanos (ARCWP).

En declaraciones al Irish Independent, la Dra. Meehan dijo que viajó a Irlanda para reclutar más mujeres y ayer presidió una misa en Dublín.

Exigiendo “ritos iguales” y “igualdad de derechos”, la Dra. Meehan (69) dijo que la falta de ordenar a las mujeres era una “falta de imaginación” por parte de la jerarquía. “No estamos dejando la Iglesia, estamos llevando a la Iglesia hacia la igualdad, la inclusión y la justicia”, dijo. “La Iglesia necesita curar las heridas de cientos de años de sexismo”.

Independiente de Irlanda

jueves, 10 de agosto de 2017

Padre Pedro Pierre: Reacomodarse desde un proyecto popular



Padre Pedro Pierre

Las tensiones actuales al nivel del Gobierno y del movimiento político Alianza PAIS son normales. La Revolución Ciudadana continúa, pero adaptándose a la nueva situación, tanto de las personas como del país. Lenín Moreno no es Rafael Correa. Los proyectos políticos de cada uno tienen sus matices propios, como es debido. Nuevas bases comunes deben encontrarse, ya que se trata de un mismo proyecto popular diseñado por estos 2 presidentes. Cuando fue elegido por primera vez, Rafael Correa propuso 5 ejes programáticos. Este proyecto sirvió de tela de fondo para la elaboración de una nueva Constitución. El pasar de los años nos hizo ver que no todo se podía cumplir tal como se había programado porque la realidad cambia. Se fue acomodando al sistema capitalista: Jorge Glas representó esta tendencia. Con todo, Lenín Moreno y Jorge Glas fueron elegidos por el apoyo mayoritario que los ecuatorianos dimos a la Revolución Ciudadana y al carisma propio de Lenín.

El actual Presidente aceptó en 2008 ser el binomio de Rafael Correa por el proyecto inicial de Alianza PAIS, identificándose con sus opciones más sociales, tal como lo demostró en el proyecto ‘Manuela Espejo’ a favor de los discapacitados. Recordemos también la carta que escribió desde Ginebra, Suiza, a Alianza PAIS en 2014 cuando se empezó a hablar de él como posible candidato en las elecciones presidenciales. Allí expone claramente sus diferencias y hasta sugiere las correcciones que habría que hacer para responder mejor, según él, a las expectativas y necesidades de la mayoría de los ecuatorianos. Tal vez en la campaña electoral no salieron mucho a la vista estas diferencias y particularidades porque se trataba de una contienda que había que ganar contra adversarios que no suelen usar la verdad y el respeto, tal como lo hemos visto de sobra.

Ahora la ‘pelotita’, como se dice, está en el campo de Alianza PAIS. Hasta la elección de Lenín Moreno, el movimiento tenía como abanderado a Rafael Correa con un apoyo muy mayoritario. Tal vez no se profundizó lo suficiente sobre el cambio que se estaba dando con apoyar a Lenín y las nuevas orientaciones que surgían necesariamente de esta novedad y de la situación actual del país, del continente y del mundo. ¿No será un camino provechoso la consulta popular que tiene que dar el movimiento Alianza PAIS, no como lo propone fuera de lugar Paco Moncayo, sino las bases del movimiento, y no solo con ‘sus bases’, sino lo mucho más ampliamente posible? Los dos proyectos políticos de Lenín y de Rafael se autocalifican de ‘populares’ y ‘ciudadanos’: popular porque tratan de abarcar a las grandes mayorías y ciudadano porque buscan la participación consciente y organizada de estas mayorías.

Los sectores populares organizados son capaces hoy de fundar un proyecto de país que continúe de la mejor manera un proceso de Revolución Ciudadana a mejorar incesantemente. Así se irá construyendo, no sobre arenas movedizas, sino sobre la roca de una democracia amplia y verdaderamente participativa.