RESUCITO

RESUCITO

domingo, 19 de noviembre de 2017

Fray Marcos Rodríguez: EL VERDADERO VALOR ESTÁ EN LO ESENCIAL


Fray Marcos Rodríguez
Mt 25, 14-30

Mateo sigue con sus amonestaciones. Estamos en el tiempo de la comunidad, antes de que llegue el tiempo escatológico, que creían inminente. Cada miembro de la comunidad debe tomar la parte de responsabilidad que le corresponde y no defraudar ni a Dios ni a los demás. En tiempo de Mt, ya muchos se hacían cristianos, no por convicción, sino para vivir del cuento, sin dar golpe. Es curioso que las tres parábolas de este c. 25 hagan referencia a omisiones, a la hora de ponderar las consecuencias de nuestras acciones.

El talento no era una moneda real. En griego “tálanton” significa el contenido de un platillo de la balanza (pesada). Era una cantidad desorbitada, que equivalía a 26-41 kilos de plata = 6.000 denarios; el salario de 16 años de un jornalero. Para entender lo de enterrar el talento, hay que tener en cuenta, que había una norma jurídica, según la cual, el que enterraba el dinero, que tenía en custodia, envuelto en un pañuelo, no tenía responsabilidad civil, si se perdía. Enterrar el dinero se consideraba una buena práctica.

Durante mucho tiempo se ha interpretado la parábola materialmente, creyendo que nos invitaba a producir y acaparar bienes materiales. De esta mala interpretación nace el capitalismo salvaje en Occidente, que nos ha llevado a desigualdades sangrantes que no hacen más que crecer, incluso en plena crisis. Una vez más, hemos utilizado el evangelio en contra del mensaje de Jesús. Me gusta más la versión de Lc, en la que todos los empleados reciben lo mismo; la diferencia está en la manera de responder.

También sería insuficiente interpretar “talentos” como cualidades de la persona. Esta interpretación es la más común y ha quedado sancionada por nuestro lenguaje. ¿Qué significa tener talento? Tampoco es éste el verdadero planteamiento de la parábola. En el orden de las cualidades, estamos obligados a desplegar todas las posibilidades, pero siempre pensando en el bien de todos y no para acaparar más y desplumar a los menos capacitados. Para mayor “inri”, dando gracias a Dios por ser más listos que los demás.

Si nos quedamos en el orden de las cualidades, podíamos concluir que Dios es injusto. La parábola no juzga las cualidades, sino el uso que hago de ellas. Tenga más o menos, lo que se me pide es que las ponga al servicio de mi auténtico ser, al servicio de todos. En el orden del ser, todos somos idénticos. Si percibimos diferencias es que estamos valorando lo accidental. En lo esencial, todos tenemos el mismo talento. Las bienaventuranzas lo dejan muy claro: por más carencias que sientas puedes alcanzar la plenitud humana.

En todos los órdenes tenemos que poner los talentos a fructificar, pero no todos los órdenes tienen la misma importancia. Como seres humanos tenemos algo esencial, y mucho que es accidental. Lo importante es la esencia que constituye al hombre como tal. Ese es el verdadero talento. Todo lo que puede tener o no tener (lo accidental) no debe ser la principal preocupación. Los talentos de que habla el evangelio, no pueden hacer referencia a realidades secundarias sino a las realidades que hacen al hombre más humano. Y ya sabemos que ser más humano significa ser capaz de amar más.

Los talentos son lo bienes esenciales que debemos descubrir. La parábola del tesoro escondido es la mejor pista. Somos un tesoro de valor incalculable. La primera obligación de un ser humano es descubrir esa realidad. La “buena noticia” sería que todos pusiéramos ese tesoro al servicio de todos. En eso consistiría el Reino predicado por Jesús. El relato del domingo pasado, el de hoy y el del próximo, terminan prácticamente igual: “Entraron al banquete de boda...” “Pasa al banquete de tu señor”. “Heredad el Reino...” Banquete, boda y Reino son símbolos de plenitud.

Algunos puntos necesitan aclaración. En primer lugar, el que no arriesga el dinero, no lo hace por holgazanería o comodidad, sino por miedo. El siervo inútil no derrocha la fortuna; simplemente la guarda. Debía hacernos pensar que se condene uno por no hacer nada. Creo que en nuestras comunidades, lo que hoy predomina es el miedo. No nos deja poner en marcha iniciativas que supongan riesgo de perder seguridades, pero con esa actitud, se está cercenando la posibilidad de llevar esperanza a muchos desesperados.

En segundo lugar, la actitud del Señor tampoco puede ser ejemplo de lo que hace Dios. Pensemos en la parábola del hijo pródigo, que es tratado por el Padre de una manera muy diferente. Quitarle al que tiene menos lo poco que tiene para dárselo al que tiene más, tomando al pie de la letra, sería impropio del Dios de Jesús. Dios no tiene ninguna necesidad de castigar. El que escondió el talento ya se ha privado de él haciéndolo inútil para él mismo y para los demás. Es algo que teníamos que aprender también nosotros.

Finalmente es también muy interesante constatar que, tanto el que negocia con cinco, como el que negocia con dos, reciben exactamente el mismo premio. Esto indica que en ningún caso se trata de valorar los resultados del trabajo, sino la actitud de los empleados. En una cultura en la que todo se valora por los resultados, es muy difícil comprender esto. En un ambiente social donde nadie se mueve si no es por una paga; donde todo lo que hace tiene que reportar algún beneficio, es casi imposible comprender la gratuidad que nos pide el evangelio. Si necesito premio es que no entendí nada.

La parábola nos habla de progreso, de evolución constante hacia lo no descubierto. El único pecado es negarse a caminar. El ser humano tiene que estar volcado hacia su interior para poder desplegar todas sus posibilidades. Todo el pasado del hombre (y de la vida) no es más que el punto de partida, la rampa de lanzamiento hacia mayor plenitud. La tentación está en querer asegurar lo que ya tengo, enterrar el talento. Tal actitud no demuestra más que falta de confianza en uno mismo y en la vida, y por lo tanto, en Dios.

Lo que tenemos que hacer es tomar conciencia de la riqueza que ya tenemos. Unos no llegamos a descubrirla y otros la escondemos. El resultado es el mismo. No es nada fácil, porque nos han repetido hasta la saciedad, que estamos en pecado desde antes de nacer, que no valemos para nada, que la única salvación posible tiene que venirnos de fuera. Lo malo es que nos lo seguimos creyendo. El relato del camello que se negaba a moverse porque se creía atado a la estaca, aunque no lo estaba. O el león que vivía con las ovejas como un borrego más, sin enterarse de lo que era, es el mejor ejemplo de nuestra postura.

Todo afán de seguridades, nos aleja del mensaje de Jesús. Todo intento de alcanzar verdades absolutas y normas de conducta inmutables, que nos dejen tranquilos, carece de sentido cristiano. Ninguna conceptualización de Dios puede ser definitiva; hace siempre referencia a algo mayor. Estamos aquí para evolucio­nar, para que la vida nos atraviese y salga de nosotros enriquecida. El miedo no tiene sentido, porque la fuerza y la energía no la tenemos que poner nosotros. Nuestro objetivo debía ser que al abandonar este mundo, lo dejáramos un poquito mejor que cuando llegamos a él, haciéndolo más humano.


Meditación

No hay un “yo” que posea un tesoro.
Soy, realmente, un tesoro de valor incalculable.
Solo hay un camino para poder disfrutar de lo que soy.
Poner toda esa riqueza a disposición de los demás
es la gran paradoja del ser humano.
Solo alcanza su plenitud cuando se da plenamente.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Leonardo Boff: La ideología es como la sombra: siempre nos acompaña


Leonardo Boff

El tema de la ideología está a la orden del día: ideología de género, política, económica, religiosa etc. Intentemos poner en claro esta cuestión.

1. Todo el mundo tiene una determinada ideología. Es decir, cada uno se hace una idea (de ahí ideología) de la vida y del mundo. Tanto el vendedor de palomitas de maíz de la esquina como la persona que atiende el teléfono o el profesor universitario. Es inevitable, porque somos seres pensantes con ideas. Querer una escuela sin ideología es no entender nada de ideología.

2. Cada grupo social o clase proyecta una ideología, una visión general de las cosas. La razón es que la cabeza piensa a partir de donde pisan los pies. Si alguien tiene los pies en la favela, tiene una cierta idea del mundo y de la sociedad. Si alguien tiene los pies en un apartamento de lujo junto a la playa, tiene otra idea del mundo y de la sociedad. Conclusión: no solo el individuo, sino también cada grupo social o clase, elaboran inevitablemente su visión de la vida y del mundo a partir de su lugar social.

3. Cada ideología personal o social, así como todo saber, tiene intereses detrás, no siempre explicitados. El interés del trabajador es aumentar su salario. El del patrón, aumentar su ganancia. El interés de un habitante de la favela es salir de esa situación y tener una casa decente. El interés del morador de un apartamento de clase media es poder mantener ese status social sin estar amenazado por la ascensión de la gente de abajo. Los intereses no convergen porque si aumenta el salario, disminuye la ganancia y viceversa. Aquí se instaura un conflicto.

4. El interés escondido detrás del discurso ideológico debe ser calificado: puede ser legítimo y es importante explicitarlo. Por ejemplo: tengo interés en que ese grupo de familias cree una pequeña cooperativa de productos orgánicos, de hortalizas, tomates, maíz etc. Este interés es legítimo y puede ser dicho públicamente. Puede ser también un interés ilegítimo y ser mantenido oculto para no perjudicar a quien lo propone. Ejemplo: hay grupos que combaten el desnudo artístico para, en realidad, encubrir la homofobia, la supremacía de la raza blanca y la persecución a los grupos LGBT. O un político de un partido neoliberal cuyo proyecto es disminuir los salarios, reducir las pensiones y privatizar bienes públicos y se presenta como alguien que va a luchar por los derechos de los trabajadores, de los jubilados y a defender la riqueza de Brasil. Él oculta ideológicamente los verdaderos intereses partidarios para no perder votos. Esa ocultación es la ideología como falsedad y él, un hipócrita.

5. La ideología es el discurso del poder, especialmente del poder dominante. El poder es dominante porque domina varias áreas sociales. Las élites brasileras tienen tanto poder que pueden comprar a las demás élites. Porque son dominantes, imponen su idea sobre la crisis brasilera, culpando al Estado de ineficiente y perdulario, a los líderes de corruptos y a la política de ser el mundo de lo sucio. Por otro lado, exaltan las virtudes del mercado, las ventajas de las privatizaciones y la necesidad de reducir las reservas forestales de la Amazonia para permitir el avance del agronegocio. Aquí se oculta conscientemente la corrupción del mercado, donde actúan las grandes empresas que sustraen millones de los impuestos debidos, mantienen una caja B, promueven intereses altos que favorecen al sistema especulativo financiero que drena dinero público, sacado del pueblo, hacia los bolsillos de unas minorías, que, en el caso brasilero, son seis multimillonarios que poseen igual riqueza que 100 millones de brasileros pobres. Estas élites ocultan las agresiones ecológicas, la desnacionalización de la industria y hacen propaganda de que el agro es pop. Practican una ideología descarada como engaño. Hay redes de televisión que son máquinas productoras de ideología de ocultación, negando al pueblo datos sobre la gravedad de la situación actual, generando espectadores alienados, pues creen en tales versiones irreales. Para encubrir su dominación, apoyan proyectos que benefician a niños o patrocinan grandes eventos artísticos para parecer benefactores públicos. Por detrás ocultan desfalcos y apoyan abiertamente a determinados candidatos, satanizando la imagen del principal opositor.

Existe también la ideología de los sin poder, de los sin tierra y sin techo, y otros que para sustentarse elaboran discursos de resistencia y de esperanza. Esa ideología es benéfica pues los ayuda a vivir y a luchar.

La ideología es como una sombra: nos acompaña siempre. Para superar las ilegítimas, es menester desenmascararlas y sacar a la luz los intereses escondidos. Y cuando hablamos a partir de un determinado lugar social, conviene explicitar en el discurso nuestra ideología. Concientizada, la ideología se legitima y democráticamente puede ser discutida o aceptada.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Karoline Mayer: "El Papa ha tomado una postura en favor de la mujer que muchos altos cargos no comprenden"


Cameron Doody

RD.- A sus 74 años, Karoline Mayer -la misionera alemana conocida como la "madre Teresa de Latinoamérica"- nunca se ha sentido "menos que un sacerdote o un obispo". Desde esta autoridad que le confiere el "amor político" que siente por el mundo, y que le lleva a "querer transformar la sociedad en una sociedad de bien común", acaba de lanzar una advertencia profética. La Iglesia, dentro de cuarenta años, "se transformará estructuralmente hasta no reconocerla", para acoger en su seno a las mujeres, a los no católicos y a los otros grupos que históricamente ha marginado.

En Barcelona para presentar su nuevo libro El secreto siempre es el amor (Plataforma Editorial), la religiosa de la Congregación Misionera de las Siervas del Espíritu Santo ha hablado de su deseo de que la Iglesia "cambie profundamente" para que "todas las iglesias cristianas -anglicana, presbiteriana, católica...- confluyan en una gran iglesia inspirada en el mensaje de Jesús".

El sueño de la misionera de que "todos los cristianos se sientan discípulos de Jesús, y tengan, como los budistas o los musulmanes, su propio maestro" no le parece "tan utópico", ha precisado, "ya que el Papa Francisco tiende a esta idea y a que las religiones convivan en armonía". No solo eso, de hecho, sino que el obispo de Roma -a juicio de Mayer- también es igual de consciente como ella que la renovación profunda de la que precisa la Iglesia ha de pasar igualmente y de una vez por todas por brindarle a la mujer el lugar y la dignidad que le corresponde. Panorama ante el que la religiosa invita a las mujeres a "no dejarse marginar, aunque la jerarquía tienda a ello".

"El Papa también ha tomado una postura en favor de la mujer que muchos altos cargos no comprenden", ha explicado la misionera, lo que solo "beneficiará a la Iglesia y fortalecerá a todos los cristianos".


Aunque Mayer haya vivido en piel propia tales horrores como la Alemania de la posguerra o la dictadura de Pinochet, aún mantiene el mismo optimismo en cuanto al futuro del mundo que profesa respecto al futuro de la Iglesia. "El mundo se convertirá en un lugar más justo para todos los que lo habitan ya que los humanos evolucionamos, cada vez más, hacia una mayor humanidad", ha apuntado en esta línea, si bien actualmente "hay más acceso a noticias que nos atormentan, y esta información nos hace conscientes de la necesidad de cambiar cosas, de denunciar injusticias y de involucrarnos".

Si bien es cierto que "los mismos horrores se han repetido en la historia", también lo es que "el tiempo también ha hecho crecer los derechos humanos y se han dado pasos grandes hacia un mayor respeto a la dignidad del ser humano", ha argumento la religiosa. Esa es la razón por la que cree que "aunque aún existan grandes diferencias, la humanidad está discerniendo y castigando comportamientos, y poco a poco surgen iniciativas que generan consciencia, que respetan al prójimo y al medio en el que vivimos y que ayudan a los demás".

Se organicen dentro o fuera de la Iglesia estas iniciativas a favor de la humanidad compartida, a la misionera Mayer todas las complacen, ya que, dice, "en el mundo priman las obras de caridad, pero esto no sirve si no hay justicia". Y es más: la religiosa piensa que la Iglesia todavía sufre del "vicio" que cogió "al tener el poder de los grandes colegios" en determinados puntos de su historia y al "estar dirigida por las clases altas", lo que la hace ciega al hecho de que la relación con el pobre mediante la caridad solo "no reemplazará nunca la justicia" que éste reclama.

Aunque el apodo de la "madre Teresa de Latinoamérica" le ha acompañado durante sus casi cincuenta años de labores misioneras en Chile, a Mayer todavía le incomoda hasta el punto en el que rehúye de comparaciones con la santa, ya que, como ha explicado, "Teresa se especializó en la caridad, que la requieren aquellos que no se valen por sí mismos y que es muy loable, y yo lucho por conseguir cambios estructurales, político-sociales".

En cambio, lo que Mayer profesa es un "amor político" que le lleva más allá, al por qué de la marginación de los necesitados de caridad, y al anhelo de "transformar la sociedad en una sociedad de bien común".

sábado, 11 de noviembre de 2017

Fray Marcos Rodríguez: DESPERTAR O SEGUIR DORMIDO, ESA ES LA CUESTIÓN


Fray Marcos Rodríguez
Mt 25, 1-13

En los tres domingos que quedan vamos a leer todo el capítulo 25 de Mt (el último, antes del relato de la pasión). Los tres episodios que en él se narran (diez doncellas, los talentos y juicio definitivo) siguen siendo advertencias a su comunidad, con el fin de poner en guardia a los cristianos de las consecuencias definitivas de sus actitudes vitales. Dios no puede hacer ya nada. La pelota está en nuestro tejado y depende de nosotros que la juguemos o no, que la juguemos bien o mal. En cualquier caso, pitarán el final del partido.

Los textos de estos últimos domingos de año litúrgico nos invitan a despertar, a estar preparados. Por fortuna, ya no pensamos en ese Dios vengativo que está al acecho para ver como puede cogernos en un renuncio y condenarnos. Ya no se oye la tremenda frase: “Dios te coja confesado”, que es un insulto a Dios y a todo el mensaje de Jesús. Dios no nos espera al final del camino para someternos a un juicio. No, Dios es el principio y está en nosotros todos los instantes de nuestra vida para que podamos llevarla a plenitud.

Hoy no tiene sentido meter miedo: No sabéis el día ni la hora. ¡Temblad! Y eso que, en el ciclo (A) nos libramos de textos apocalípticos, que son todavía más terroríficos. No es la muerte la que tiene que dar sentido a nuestra vida, sino al revés, solo viviendo a tope, se aprende a morir. Aunque solo os quedara un segundo de vida, haríais mal en pensar en la muerte. Sería mucho más positivo el vivir plenamente ese segundo. La muerte ni quita ni añade nada; el sentido debemos dárselo a la vida, mientras estamos de pie.

Recordad. Después de un año, o más, de desposorios, se celebraba la boda, que consistía en conducir a la novia a la casa del novio, donde se celebraba el banquete. Esta ceremonia no tenía ningún carácter religioso. El novio, acompañado de sus amigos y parientes, iba a casa de la novia para conducirla a casa de su propia familia. En su casa le esperaba la novia con sus amigas, que la acompañarían. Todos estos rituales empezaban a la puesta del sol y tenían lugar de noche, de ahí la necesidad de las lámparas.

La importancia del relato no la tiene el novio ni la novia, ni siquiera los acompañantes. Lo que el relato destaca es la luz. La luz es más importante que las mismas muchachas, porque lo que determina que entren o no entren en el banquete es que tengan o no tengan el candil encendido. Una acompañante sin luz no pintaba nada en el cortejo. Ahora bien, para que dé luz una lámpara, tiene que tener aceite. Aquí está la madre del cordero. Lo importante es la luz, pero lo que hay que procurar es el aceite.

Jesús había dicho: Yo soy la luz del mundo. Y también: vosotros sois la luz del mundo. El ser humano es luz cuando ha desplegado su verdadero ser; es decir, cuando trasciende y va más allá de lo que le pide su simple animalidad. No es que nuestra condición de animales sea algo malo, al contrario, es la base para alcanzar nuestra plenitud, pero si no vamos más allá cercenamos nuestras posibilidades de humanidad.

La primera lectura nos puede ayudar a encontrar el sentido de la parábola. La verdadera Sabiduría es encontrar el sentido de la vida. Dar sentido a la vida es más importante que la vida misma. Ese sentido no viene dado, tenemos que buscarlo. Esa es la tarea específicamente humana. Nuestra vida puede quedar malograda como vida humana. Esa es la advertencia de la parábola. Hay que estar alerta, porque el tiempo pasa. Hay que despertar, porque de lo contrario, perderás la oportunidad de ser tú.

¿Cuál es el aceite que arde en la lámpara? Si acertamos con la respuesta a esta pregunta, tenemos resuelto el significado de la parábola. En (Mt 7,24-27) se dice: Todo aquel que escucha estas palabras mías y las pone por obra, se parece al hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Y todo aquel que no las pone por obra, se parece al necio que edificó sobre arena. La luz, son las obras. El aceite que alimenta la llama, es el amor. El ser sensato no depende de un conocimiento mayor, sino de la plenitud de Vida.

Así se entiende que las sensatas no compartan el aceite con las necias. No es egoísmo. Es que resulta imposible amar en nombre de otro. Nuestra lámpara no puede arder con aceite prestado. Dar sentido a la vida no se puede improvisar en un instante. Solo con lo que hay de Dios en mí, descubierto, reconocido, desplegado, puede considerarse encendido nuestro ser. Ese despliegue constituye la Sabiduría de la que nos hablaba la primera lectura. Sin esa llama, seremos irreconocibles incluso para el mismo Dios.

Interpretar la parábola en el sentido de que debemos estar preparados para el día de la muerte, es tergiversar el evangelio. El esperar una venida futura de Jesús, es pura mitología que nos lleva a un callejón sin salida. La parábola no hace especial hincapié en el fin, sino en la inutilidad de una espera que no va acompañada de una actitud de amor y de servicio. Las lámparas deben estar encendidas siempre; si esperamos a prepararlas en el último momento, toda la vida transcurrirá carente de sentido.

Obsesionados por la “salvación eterna” y para el más allá, hemos interpretado esta parábola como una advertencia de preparación para la muerte, o peor aún, para el juicio. Nada más lejos del sentido del relato. Si el aceite es el amor, que hace funcionar la vida cristiana, no podemos pensar en el último día para que tenga sentido. Hay que buscar una interpretación más de acuerdo a todo el mensaje de Jesús.

La venida de Jesús al final de los tiempos, es una imagen escatológica que no podemos tomar al pie de la letra; tiene un significado mucho más profundo. Jesús, con su muerte en la cruz, consumió todo su aceite en una llamarada que sigue iluminándonos. El don total de sí mismo trasformó todo lo humano en divino. Allí culminó su “historia” porque solo permanecerá identificado con Dios, y Dios está fuera del tiempo y del espacio.

Los cristianos cayeron en la trampa de entender la segunda venida de Jesús de una manera temporal. Nosotros seguimos esperando esa segunda venida en la que no se hablará de cruz, sino de gloria para todos. No nos gusta cómo terminó Jesús su paso por la tierra. Esta es la causa por la que hemos inventado un futuro a nuestro gusto para él y para nosotros. Nos sentiríamos muy a gusto si volviera lleno de gloria y nos comunicara a los “buenos” esa misma gloria. Esta visión raquítica, la hacemos desde nuestro falso yo, que nunca aceptará el desaparecer, mucho menos consumirse en beneficio de los demás.

Si de verdad queremos dejar de ser necios y empezar a ser sensatos, debemos desplegar nuestra vida desde otra perspectiva. Tenemos que abandonar todo proyecto de glorificación, sea en este mundo o sea en el otro, y entrar por el camino del servicio a los demás hasta la entrega total. El aceite solo da luz a costa de consumirse. Si aceptamos el programa del evangelio solo porque nos han prometido una “gloria”, la cosa no puede funcionar. Estamos completamente equivocados si pretendemos alzarnos con el santo y la limosna.



Meditación-contemplación

“Yo soy la luz del mundo”.
Su experiencia de Dios, fue su lámpara encendida.
Dentro de ti debes descubrir el aceite.
Si prende, dará luz que alumbrará tus pasos.
Tú eres la lámpara, el aceite y la luz.
Nadie te lo puede prestar, porque es tu propia vida.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Andrés A. Fernández: ¿Célibes o castrati?


Andrés A. Fernández
Sacerdote

Eunucos por el Reino de los Cielos. Célibes de amores carnales, pero apasionadamente enamorados de Cristo y de su Iglesia (no hablo de institución eclesiástica). Ésa es la llamada del Señor para sus sacerdotes.

(Y que conste que no vería mal otras posibilidades con respecto al celibato o el sacerdocio femenino, pero sería siempre movidos por la fe y con argumentos de fe, no por el hecho de que "hacen falta sacerdotes para repartir sacramentos...", o con argumentos meramente de tipo reivindicativo de conquista de pretendidos derechos negados en el pasado). Y eso es además lo que se predica en las campañas vocacionales. Y eso es a lo que el futuro sacerdote se compromete en el día de su consagración. A eso y no a otra cosa.

Pero la verdadera realidad eclesiástica que el recién ordenado se va a encontrar, ya al segundo día de su bendito ministerio (y que, por cierto, le habían ocultado), situación además que jamás podía haberse imaginado (los laicos piadosillos siguen, por cierto, en la inopia a este respecto), es muy distinta...

En este sentido, me comentaba un jesuita sacerdote amigo, con ocasión de sus bodas de oro, que la sensación generalizada en su promoción, 50 años después de su ordenación, era de frustración y desengaño, situación de gran tristeza, habida cuenta de los increíbles talentos e inteligencias que, recordaba él, en aquel tiempo existían en la Compañía (y podemos decir que fuera también), y a los que se fue cortando las alas sistemáticamente hasta llegar a la consumición final, y ya ancianos, se lamentan de haber vivido una vida prácticamente perdida, dedicada a la postre y simplemente, no a trabajar por el Reino de Dios, sino, es fuerte decirlo, al sostenimiento de la institución eclesiástica. Y esa sensación de frustración y desencanto podemos decir que es generalizada prácticamente entre todos los sacerdotes que perseveraron hasta su final. Demasiado tarde para tomar conciencia de ello.


Y es que éste es el punto: La misión del sacerdote, su llamada a la evangelización y a trabajar por el Reino, se transforman radicalmente en un consumirse en el sostenimiento de una institución que, además, tal como la hemos conocido en los últimos 1500 años, necesita una "conversión", una transformación, para poder presentarnos a las gentes de hoy de forma aceptable. Son otros tiempos. El intentar por todos los medios "sostenerla" tal como está es trabajo en vano. Y así se queman cientos, miles, todos los sacerdotes en el intento.

El celibato por el Reino de los Cielos queda transformado y reducido, así, a una castración, en el más pleno sentido freudiano, de recursos, capacidades, talentos y habilidades personales reprimidas y anuladas, en orden al sostenimiento de una institución.

Podemos decir que el celibato por el Reino de los Cielos es fuente de realización personal, espiritual y pastoral para el sacerdote. Así lo declaró el Señor. La castración y el sometimiento a una institución, por muy hipostática que se considere, es, en cambio, fuente de frustración y de abandono. Y lo que es peor, por ser autorreferencial, es esfuerzo estéril.

Urge, pues, una conversión institucional: Pasar de una institución hipostática de poder eclesiástico (fuente de castración y frustración) a una autoridad eclesial al servicio de todos, trabajadores todos del Reino, y todos evangelizando realmente, sin castraciones institucionalistas, cada uno según su ministerio (celibato por el Reino, fuente de realización).

Miremos, pues, donde estamos, para conocer la raíz del problema. Después tomemos acción en fe acorde con la voluntad de Dios.

¿Célibes o castrati? Ese es el dilema.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Padre Pedro Pierre: "¡Ni cortos ni perezosos!"



Padre Pedro Pierre
Asombra la ola de críticas de la derecha y de los grandes medios de comunicación comerciales que nos pintan la corrupción generalizada al nivel de todo el gobierno de Rafael Correa. La historia se encarga con el paso de los años de poner a cada uno en su verdadero lugar.

¿Cuáles de los gobiernos de estos 40 años dejaron huellas que nos engrandecieron? ¿El de Jaime Roldós?, seguramente; por eso lo eliminaron la oligarquía criolla y el imperialismo yanqui. ¿El de Osvaldo Hurtado?, de la Democracia Cristiana, se lo recuerda por haber iniciado la firma de las ‘cartas de intención’ con el FMI (Fondo Monetario Internacional) que dispararon el inmenso bulto de la deuda pública externa del país, sumándole las deudas privadas. ¿El de León Febres-Cordero?, del Partido Social Cristiano, con mayor número de personas desaparecidas y ejecutadas fuera de toda legalidad, que, para disfrazar este pasado terrible, tomó el nombre altisonante de Madera de Guerrero. ¿El de Rodrigo Borja?, cuyo cadáver partidario se quiso resucitar en las últimas elecciones. Se lo recuerda por las leyes antilaborales de la flexibilización y otros atropellos para desaparecer los sindicatos. ¿El de Sixto Durán-Ballén? (¿Cómo era el nombre de su partido político?), que lanzó un referendo sobre la continuidad de la extracción petrolera, pero que no tomó en cuenta el No de los ecuatorianos. ¿El de Abdalá Bucaram?, de apenas 7 meses, que fue calificado internacionalmente como el gobierno de la corrupción y el saqueo, e inauguró el decenio de 6 presidentes con un promedio de año y medio en Carondelet.

Luego vinieron los gobiernos de Fabián Alarcón, ganador de una trifulca presidencial y legislativa; de Jamil Mahuad, que iba a ser ‘el que sí sabía’ y que supo joder el país con el feriado bancario; de Lucio Gutiérrez, el mejor amigo de los yanquis, que salió escondido del palacio presidencial; de Gustavo Noboa, que pasó sin pena ni gloria; y de Alfredo Palacio, hace un poco más de 10 años. ¿Se acuerdan qué hizo él de relevante? Yo tampoco.

Esa es nuestra historia nacional, brumosa, dolorosa, y bastante vergonzante… pero donde el pueblo ecuatoriano supo ir eliminando, con el paso de los años, los partidos de extrema derecha, derecha y centroderecha. No es difícil, en medio de tantas desgracias, que Rafael Correa siga brillando, nacional e internacionalmente, con luz propia. Con una nueva Constituyente y el movimiento Alianza PAIS se soñó un Ecuador que camine recto y soberano por el sendero del socialismo del Bien Vivir, como comienzo de un proceso diferente, ciudadano, participativo, transformador… pero que parece esfumarse.

Deseamos a Lenín Moreno continuar y lograr mejor el sueño ecuatoriano por el cual se votó en las últimas elecciones: el paso de los años lo dirá. En cuanto a los que se suban a la camioneta gobiernista: ¿inscribirán su nombre entre las y los que dejaron huellas de un Ecuador mejor? Y nosotras y nosotros: ¿seremos los protagonistas principales de ese futuro mejor?, cuidándonos de ser ni borregos ni cortos ni perezosos. ¡Dios nos bendiga!

sábado, 4 de noviembre de 2017

Fray Marcos Rodríguez: TODOS SANTOS Y TODOS PECADORES


Fray Marcos Rodríguez
Mt 5, 1-12

Los matemáticos dicen que la distancia de cualquier número, por grande que sea, al infinito, es siempre infinita. Para Dios todos somos iguales, no hay posible distinción. ¿Qué sentido tiene entonces el marcar las diferencias entre unos y otros? La fiesta de “Todos los Santos”, entendida como diferencia de perfección entre los seres humanos no tiene mucho sentido. Por eso le he cambiado el título y he puesto: “Todos santos”; aunque también podía haber puesto “Todos pecadores” y sería exactamente igual de cierto. Para Dios no hay diferencia ninguna, porque nos ama a todos por lo que Él es.

Si por santo entendemos un ser humano perfecto, significaría que ya ha llegado a su plenitud y por lo tanto se habrían acabado sus posibilidades de crecer. Pero su verdadero ser, y por lo tanto su perfección, nada tiene que ver con su biología o con su moralidad. A esa parte de nuestro ser no afectan las limitaciones, sean del orden que sean. Es una realidad que permanece siempre intacta. Descubrir, vivir y manifestar ese verdadero ser, es lo que podíamos llamar santidad.

Cuando creemos que para ser santo tenemos que anular los sentidos, reprimir los sentimientos, machacar la inteligencia y someter la voluntad, nos estamos exigiendo la más torpe inhumanidad. La plenitud de lo humano solo se alcanza en lo divino, que ya está en nosotros. Vivir lo divino que hay en nosotros es la meta de lo humano. El verdadero santo no es el perfecto. El santo nunca descubrirá que lo es. Por favor, que nadie caiga en la tentación de aspirar a la “santidad”. Aspirad solo, a ser cada día más humanos, desplegando el amor que es Dios y está en vosotros.

Cuando hemos puesto la santidad en lo extraordinario, nos hemos salido de todo marco de referencia evangélico. Si creemos que santo es aquel que hace lo que nadie es capaz de hacer, o deja de hacer lo que todos hacemos, ya hemos caído en la trampa del ideal de perfección griega, que durante siglos se nos ha vendido como cristiana. Cuando un joven le dice a Jesús: "Maestro bueno”. Jesús le responde: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno más que Dios. ¿Qué hubiera contestado si le hubiera llamado santo?

Todos somos santos, porque nuestro verdadero ser es lo que hay de Dios en nosotros; aunque la inmensa mayoría no lo hemos descubierto todavía, y de ese modo, tampoco podemos manifestar lo que somos. Somos santos por lo que Dios es en nosotros, no por lo que nosotros somos para Dios. La creencia generalizada de que la santidad consiste en desplegar las virtudes morales, no tiene nada que ver con el evangelio. Recordemos: “Las prostitutas y los pecadores os llevan la delantera en el reino de Dios”. Para Jesús, es santo el que descubre el amor que llega a él sin mérito ninguno por su parte. La perfección moral es consecuencia de la santidad, no su causa.

Debemos tener mucho cuidado a la hora de hablar de los santos como “intercesores”. Si lo entendemos pensando en un Dios, que solo atiende las peticiones de sus amigos o de aquellos que son “recomendados”, estamos ridiculizando a Dios. En (Jn 16,26-27) dice Jesús: “no será necesario que yo interceda ante el Padre por vosotros, porque el Padre mismo os ama”. Lo hemos dicho hasta la saciedad, Dios no nos ama porque somos buenos o por recomendación de uno que los es, sino porque Él es amor.

Se puede entender la intercesión de una manera aceptable. Si descubrimos que esas personas que han tomando conciencia de su verdadero ser, son capaces de hacer presente a Dios en todo lo que hacen, pueden ayudarnos a descubrirlo, y por lo tanto pueden acercarnos a Dios. Descubrir que ellos confiaron en Dios a pesar de sus defectos, nos tiene que animar a confiar más nosotros. No solo valdría para los que conviven con ellos, sino para todos los que después de su muerte, tuvieran noticia de ‘su vida y milagros’. Sería el camino más fácil para que creciera el número de los “conscientes”.

Debemos tener cuidado con la “comunión de los santos”. No se trata de unos “dones” o unas “gracias” que ellos han merecido y que nos ceden a nosotros. Es ridículo cuantificar y almacenar los bienes espirituales. Todo lo que nos viene de Dios es siempre gratuito y nunca se puede merecer. “Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer”. Ahora bien, en el momento que se tiene conciencia de la unidad, se comprende que todo lo que hace uno repercute en el todo. La doctrina de Pablo es esclarecedora: “Todos formamos un solo cuerpo”.

En esta fiesta celebramos la bondad, se encuentre donde se encuentre. Es una fiesta de optimismo, porque, a pesar de los telediarios, hay mucho bien en el mundo si sabemos descubrirlo. Es cierto que mete más ruido uno tocando el tambor que mil callando. Por eso nos abruma el ruido que hace el mal y no nos queda espacio para descubrir el bien. Hoy es el día de la alegría. La Vida y el Bien triunfan sobre la muerte y el mal. La vida merece siempre la pena. Esta alegría de vivir tenemos que mantenerla a pesar de tanto sufrimiento y dolor como hay en nuestro mundo. A pesar de que muchos seres humanos consumen su existencia sin enterarse de lo que son, y se conforman con vegetar.

Las bienaventuranzas nos descubren el verdadero rostro del “santo”. ¿Quién es dichoso? ¿Quién es bienaventurado? Felicitar a uno porque es pobre, porque llora, porque pasa hambre, porque es perseguido, sería un sarcasmo para el común de los mortales. Sobre todo si le engañamos con la promesa de que lo serán más allá. Haber reservado la palabra “bienaventurado” para los que han muerto, es una manipulación del evangelio inaceptable. Aquí abajo, el dichoso es el rico, el poderoso, el que puede consumir de todo sin dar un palo al agua. Esa escala de valores queda trastocada por el evangelio.

Las bienaventuranzas no se pueden entender racionalmente, ni se pueden explicar con argumentos. Cuando Pedro se puso a increpar a Jesús, porque no entendía su muerte, Jesús le contestó: “Tú piensas como los hombres, no como Dios”. Solo entrando en la dinámica de la trascendencia, podemos descubrir el sentido de las bienaventuranzas. Solo descubriendo lo que hay de Dios en mí, podré darme cuenta del verdadero valor. Para que una persona sea dichosa le tenemos que dar aquello que considera el valor supremo para ella. Tenga lo que tenga, si no lo percibe como valor absoluto, no le hará feliz.

Las bienaventuranzas no son un “sí” de Dios a la pobreza y al sufrimiento, sino un rotundo “no” de Dios a las situaciones de injusticia, asegurando a los pobres lo más grande que pudieran esperar, el amor que es Dios. En Él los pobres pueden esperar, tener confianza. No para un futuro lejano, sino ya, aquí y ahora. Puede ser bienaventurado el que llora, pero nunca el que hace llorar. Puede ser feliz el que pasa hambre, pero no el que tiene la culpa del hambre de los demás. Buscar la salvación en las seguridades terrenas, es la mejor prueba de que no se ha descubierto el amor de Dios. Aún en las peores circunstancias imaginables, las posibilidades de ser, nadie puede quitártelas.

En la celebración de este día, no tenemos que pensar en los “santos” canonizados, ni en los que desarrollaron virtudes heroicas, sino en todos los hombres que descubren la marca de lo divino en ellos, y ese descubrimiento les empuja a mayor humanidad. No se trata de celebrar los méritos de personas extraordinarias, sino de reconocer la presencia de Dios, que es el único Santo, en cada uno de nosotros. El merito será siempre de Dios.

jueves, 2 de noviembre de 2017

Cameron Doody: Por qué todo el mundo ama al pontífice y los ultraconservadores, no - "¡Ojalá se muera!": la guerra contra el Papa Francisco


Cameron Doody

¿Hay una guerra en la Iglesia contra el Papa Francisco? Esa es la pregunta que se ha planteado el prestigioso diario británico The Guardian. Aunque la simplicidad y humildad de Bergoglio hayan ganado a casi todo el mundo, el ámbito eclesial parece totalmente dividido. ¿Quiénes son los que no pierden ninguna oportunidad de criticar a Francisco e intentan hacerle tropezar? ¿Qué es lo que más les fastidia respecto al Papa que vino "del fin del mundo"?

La intuición del rotativo londinense es que estamos, de entrada, ante la crisis más seria a la que la Iglesia se ha enfrentado desde el cisma lefebvreiano en los años 60. Pero, ¿por qué? El periódico observa, en primer lugar, que las etiquetas que suelen usarse para identificar los dos campos en la batalla -es decir, los "liberales" y los "conservadores"- es engañoso. Más bien, según The Guardian, "la disputa central es entre aquellos católicos que creen que la Iglesia debería establecer la agenda para el mundo, y aquellos que creen que el mundo debería establecer la agenda para la Iglesia".

Interesante planteamiento el del diario que permite ahondar más, y entender mejor, estos dos bandos y sus principales integrantes.

En primer lugar, los "extrovertidos", como el mismo Papa Francisco, que no tienen miedo a ensuciarse las manos con los problemas mundanos. The Guardian le alaba por haberse dado cuenta, en la cuestión sobre quiénes y quiénes no pueden comulgar en buena conciencia -planteada en la Amoris laetitia, por ejemplo- que "en la práctica, en buena parte del mundo, a las parejas divorciadas y vueltas a casar ya se les ofrece la comunión". Con lo que "[e]l Papa no están proponiendo ninguna revolución, sino el reconocimiento burocrático de un sistema que ya existe, y quizás puede ser esencial a la supervivencia de la Iglesia".


Lo que está en juego no podría estar más claro. Para sobrevivir, la Iglesia necesita más miembros, la producción de los cuales está vetado a quienes cuyo matrimonio ha "fracasado", ya que sin serles concedido la nulidad matrimonial no pueden mantener relaciones plenas con ninguna otra persona. Y por otro lado: si no se puede armonizar la teología de la sexualidad católica y la práctica de lo que hace la vasta mayoría de fieles en sus vidas sexuales, las iglesias pueden vaciarse rápidamente.

Y en segundo lugar, los "introvertidos". Hombres como el cardenal guineano Robert Sarah o el estadunidense Raymond Burke. Aquellos que añoran las dimensiones misteriosas y románticas de la religión, y nada que huele a sentido común o sabiduría convencional. ¿Pero su particular queja de la figura y Iglesia del Papa Bergoglio? Temen que sus enseñanzas, como en la Amoris laetitia, socaven las verdades eternas de la fe -cuya protección es la tarea más importante de la Iglesia- a cambio de una especie de evolución, de un "aprendizaje a través de la experiencia".

Y si el debate sobre el acceso a los sacramentos de las personas viviendo en situaciones familiares llamadas "irregulares" no fuera suficiente para encender la mecha de este conflicto, al menos hay otro factor que hay que introducir en el análisis. Tanto los extrovertidos como los introvertidos son conscientes de que, en el mundo occidental, asistencias a misa -como el bautismo de los bebés- son prácticas cuya observancia ha caído en picado desde el Vaticano II. Como explica The Guardian: "los introvertidos lo achacaron al abandono de las verdades eternas y las prácticas tradicionales; los extrovertidos se sienten que [como resultado del Concilio] la Iglesia no cambió ni lo suficientemente hondo ni lo suficientemente rápido.


¿Hacia dónde vamos, así pues, con este panorama? ¿Con los extrovertidos, encabezados por el Papa, fervientemente reclamando una mayor compromiso de la Iglesia con el mundo y sus realidades menos que perfectas, y con los introvertidos huyendo de todo lo terrenal y escondiéndose en sus misales? The Guardian observa que aún no se puede adjudicar la contienda, ya que en los años de vida que le quedan al Papa èste no verá la verdadera acogida que sus reformas provocarán en los fieles de a pie. Ni, por supuesto, tendrá la oportunidad de ver si su sucesor retrocede en cuanto a su legado.

The Guardian apunta, en el primer par de líneas de su reportaje, que "el Papa Francisco es uno de hombres más odiados hoy". No por "ateos, ni protestantes, ni musulmanes, sino por algunos de sus propios seguidores". El periódico incluso cita a un cura anónimo, un introvertido, que dice que "Ojalá se muera". He aquí, entonces, el meollo del asunto. ¿Cómo puede un católico esperar a que un Papa -cualquier Papa, vicario de Cristo en la Tierra- se muera? ¿Detrás del sentimiento se esconde acaso una carencia de argumentos para discutirlo de forma más humana?

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